«Dios del universo»
Decía Zaratustra, singular personaje creado por Federico Nietzsche: “¿Será posible? ¡Ese santo anciano no ha oído aún en su bosque que Dios ha muerto!” La relación del hombre con la fuente de la energía universal siempre ha sido complicada. Diríamos que se establece una relación de amor-odio, querer y no querer, de aceptación-negación, de complementariedad…Incluso para quienes niegan la existencia de una realidad trascendental al ser humano.
¿Vivimos dando la espalda a Dios? Hoy día, para muchos seres humanos Dios no existe. Sí, puede resultar contundente nuestra afirmación; no obstante, si observamos (con un mínimo de rigor y sin ningún tipo de falso apasionamiento) y nos detenemos a examinar nuestra vida, día a día, instante a instante, nos sorprendería comprobar que, en la práctica, vivimos manifestando que Dios es ajeno a nuestro diario existir.
Cierto, una cuestión es ignorar y otra distinta negar; en la realidad, nuestra realidad, equivale a lo mismo. En nuestro mundo occidental parecen que han quedado perdidos en la “noche de los tiempos” aquellas vivencias infantiles de miedo y espanto ante un dios (en minúscula) de terror, justiciero y vengativo. Hoy día, en nuestro universo más cercano y próximo, la relación con el Creador -si afirmamos que Dios es sinónimo de Creador, de fuente original- ha variado considerablemente (¿quizás demasiado?), hasta el extremo de vivir una existencia cotidiana alejada de las fuentes de la trascendencia.
La relación del hombre con Dios no está ligada en exclusividad, a la religión, ni siquiera al ámbito de la filosofía,........
