La juventud de Barcelona es sirerista
Hay realidades políticas que tardan en entrar en los titulares porque quizá no hacen tanto ruido como una encuesta, una declaración polémica o una guerra interna. Pero están ahí. Se ven en los actos, en las calles, en las redes sociales y, sobre todo, en las nuevas caras que empiezan a ocupar espacios que durante años parecían reservados a los de siempre.
Y hay una de ellas que merece ser contada: el Partido Popular de Barcelona está rejuveneciendo. Y lo está haciendo bajo el liderazgo de Daniel Sirera.
Se habla mucho de los resultados electorales, de las estrategias de los partidos, de las guerras entre siglas y de quién sube o quién baja en las encuestas. Se habla menos, sin embargo, de algo mucho más importante para el futuro de cualquier organización política: quién viene detrás.
Y en el PP de Barcelona hay cada vez más jóvenes.
Durante este último curso político, el equipo de Daniel Sirera ha ido incorporando nuevas caras, nuevos perfiles y, especialmente, una generación que no quiere limitarse a mirar la política desde fuera. Jóvenes que quieren participar, que quieren organizar, que quieren pisar la calle y que entienden que recuperar Barcelona no se consigue únicamente desde un despacho.
No es una cuestión de edad. Es una cuestión de actitud.
Una generación que quiere ocupar su espacio
Durante demasiado tiempo se ha repetido que los jóvenes estaban alejados de la política. Que no les interesaba. Que habían perdido la confianza en los partidos tradicionales. Que preferían mirar hacia otro lado.
Quizá el problema no era que los jóvenes no quisieran hacer política. Quizá el problema era que durante años la política no les ofrecía un lugar donde hacerla.
El fenómeno que se está produciendo alrededor del PP de Barcelona demuestra que algo está cambiando.
Nuevos militantes y dirigentes jóvenes están encontrando un espacio dentro de una estructura que, bajo Sirera, parece haber entendido que una organización política no puede limitarse a administrar el presente. Tiene que construir el futuro.
Y para construirlo hacen falta personas que tengan décadas por delante.
Personas que conozcan los problemas de Barcelona no porque los hayan leído en un informe, sino porque los viven cada día: la dificultad para acceder a una vivienda, la inseguridad, la falta de oportunidades, el precio de los alquileres, el deterioro de determinados barrios, las dificultades para emprender o la sensación de que Barcelona ha dejado de ser una ciudad pensada para quienes quieren construir aquí su proyecto de vida.
El ‘sirerismo’ también tiene rostro joven
Daniel Sirera ha conseguido algo que no siempre es sencillo dentro de un partido: generar una identidad política alrededor de una forma concreta de entender Barcelona.
Y esa identidad empieza a tener también un rostro generacional.
El llamado ‘sirerismo’ no puede entenderse únicamente como una estrategia política del PP barcelonés. También empieza a representar una manera de hacer política más pegada a la ciudad, más orientada a los problemas cotidianos y, sobre todo, abierta a incorporar a personas que hasta hace poco no tenían........
