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CEUTA Y MELILLA SON ESPAÑA

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saturday

Hay momentos en los que la política exterior exige prudencia, otros en los que reclama firmeza y algunos en los que, sencillamente, obliga a recordar lo más elemental. Cuando desde Marruecos se vuelve a cuestionar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, conviene regresar a los hechos. Y los hechos son tozudos: Ceuta y Melilla forman parte de España y su españolidad no está pendiente de ninguna negociación.

La reciente reivindicación marroquí sobre ambas ciudades vuelve a demostrar que la cuestión no ha desaparecido de la agenda de Rabat. Marruecos puede formular sus aspiraciones territoriales, como cualquier Estado, pero España no tiene por qué aceptar la premisa de que exista una controversia sobre territorios que forman parte de su soberanía.

Porque una cosa es mantener una relación de buena vecindad con Marruecos, absolutamente necesaria y conveniente, y otra muy distinta asumir como propia la tesis de quien pretende revisar las fronteras españolas.

Ceuta y Melilla no son una herencia colonial reciente.

La historia es mucho más antigua.

Una historia que no comienza en 1956

Melilla fue incorporada a la Corona de Castilla en 1497, durante el reinado de los Reyes Católicos. Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y quedó vinculada a la Monarquía Hispánica a partir de 1580, permaneciendo posteriormente bajo soberanía española.

Son siglos de historia.

Y este dato resulta esencial porque el Marruecos contemporáneo nació como Estado independiente en 1956. Pretender trasladar retrospectivamente las fronteras del Marruecos actual a siglos anteriores supone ignorar la complejidad política de la historia del norte de África.

Antes de la existencia del Estado marroquí contemporáneo hubo sultanatos, dinastías y diferentes entidades políticas. Las fronteras actuales no pueden proyectarse mecánicamente sobre el pasado para convertir en «territorio nacional perdido» aquello que nunca estuvo bajo la soberanía del Estado marroquí moderno.

La historia no puede convertirse en una escritura de propiedad elaborada a conveniencia.

Y menos aún puede utilizarse para borrar cinco siglos de presencia española.

La geografía no sustituye a la historia

Otro de los argumentos habituales de Rabat se apoya en la geografía. Ceuta y Melilla están situadas en el continente africano y próximas al territorio marroquí.

Pero la proximidad geográfica no determina por sí sola la soberanía.

Si así fuera, buena parte de las fronteras europeas actuales carecerían de sentido. La historia de Europa está llena de territorios cuya soberanía no coincide con su posición geográfica.

Ceuta y Melilla son precisamente un ejemplo de esa realidad histórica.

Que estén en África no las convierte en marroquíes.

Son ciudades españolas situadas en el norte de África.

Y esa condición no nació........

© Periodista Digital