César Valdeolmillos Alonso: «Sin presupuesto no hay derechos»
“Las finanzas públicas son, en última instancia, el esqueleto del Estado.” Joseph Schumpeter
Ampliar derechos es una decisión política legítima. Sostenerlos en el tiempo es una obligación material. Entre ambas cosas media algo que no se puede sustituir con discurso: recursos, planificación y capacidad real del sistema.
El alcance real de la medida
El Gobierno ha abierto un proceso extraordinario de regularización de inmigrantes. La medida amplía derechos sobre el papel. La cuestión es si el sistema puede sostenerlos en la práctica.
Un proceso que reconoce el acceso a la asistencia sanitaria, la educación y las prestaciones sociales, entre otros derechos, y que puede tramitarse de forma conjunta para los miembros de una misma unidad de convivencia.
Según la información oficial difundida por el Gobierno a través de La Moncloa, la estimación inicial apunta a unos 500.000 potenciales beneficiarios y a una capacidad de tramitación de hasta 752.250 expedientes.
Sin embargo, hay que tener en cuenta un matiz esencial: el debate político no se mueve únicamente en torno a esa cifra oficial. En distintos ámbitos parlamentarios se manejan proyecciones sensiblemente más elevadas —del orden de 1,3 millones e incluso 2 millones— al incorporar el previsible efecto de la reagrupación familiar.
Estas cifras no forman parte de la estimación oficial del Gobierno, sino que responden a cálculos utilizados en el debate público para anticipar el alcance real de la medida y la presión potencial sobre los servicios. Según lo expuesto en el seno del Congreso de los Diputados, deben entenderse como escenarios de evolución, no como datos cerrados.
Un sistema ya tensionado
Pero este proceso no es gratuito y, en consecuencia, la pregunta es obligada: ¿puede absorberse esta incorporación masiva de usuarios en sanidad, educación y servicios sociales sin un deterioro del sistema?
Más aún si se tiene en cuenta que el Gobierno opera con unos Presupuestos Generales del Estado prorrogados desde 2023, sin una planificación plenamente actualizada y, por tanto, con una capacidad de respuesta más limitada ante nuevas exigencias. La respuesta no admite eslóganes.
En sanidad, el gasto público se sitúa en 2.079 euros por persona, asumido en su mayor parte por las comunidades autónomas, responsables de la gestión. Pero más allá de las cifras, los propios profesionales vienen señalando déficits estructurales: falta de personal, sobrecarga asistencial, dificultades para cubrir plazas —especialmente en atención primaria— y carencias organizativas y materiales.
Estas tensiones tienen un origen compartido: dependen de la gestión autonómica, pero también de decisiones estatales que........
