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César Valdeolmillos Alonso: «¿Quién decide el futuro de España?»

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08.06.2026

«La experiencia ha demostrado que incluso bajo las mejores formas de gobierno, quienes ejercen el poder han tendido, con el tiempo y lentamente, a ampliarlo.»  – Thomas Jefferson

Hay decisiones políticas que, vistas aisladamente, parecen razonables e incluso generosas. Una ley que facilita la nacionalidad a descendientes de emigrantes puede presentarse como un acto de reparación histórica. Una regularización administrativa de inmigrantes puede justificarse como una medida de integración social. Cada una, considerada por separado, encuentra argumentos comprensibles.

Sin embargo, la política rara vez se comprende observando únicamente las piezas sueltas. Las consecuencias reales suelen aparecer cuando esas piezas empiezan a encajar en un mismo puzle. Y es precisamente ahí donde conviene detenerse y mirar con más profundidad.

La importancia de las reglas

En una democracia madura no sólo importan los resultados electorales. Importan también las reglas que determinan quién puede participar en ellos.

Porque una cosa es competir por el poder dentro de unas reglas estables. Y otra muy distinta es modificar, directa o indirectamente, las condiciones sobre las que se decide quién habrá de ejercerlo.

Esa diferencia puede parecer técnica, pero tiene una enorme trascendencia política. Las reglas del juego son el marco que garantiza que la alternancia siga siendo posible y que ningún actor pueda inclinar el terreno a su favor.

Una reparación que llega medio siglo después

España aprobó su Constitución hace casi cincuenta años. Durante ese tiempo se sucedieron gobiernos de distinto signo, mayorías absolutas, coaliciones, crisis económicas y profundas transformaciones sociales.

El propio partido que hoy impulsa la ampliación del acceso a la nacionalidad para determinados descendientes de emigrantes gobernó durante largos periodos con una capacidad legislativa suficiente para haber abordado esta cuestión sin obstáculos relevantes. Primero durante las mayorías absolutas iniciadas en 1982 y después durante las etapas posteriores de gobierno.

Y, sin embargo, nunca se presentó como una urgencia histórica impostergable.

Por eso la pregunta resulta inevitable: si la deuda moral existía entonces igual que ahora, ¿qué ha cambiado realmente para convertirla precisamente en este momento en una prioridad política de primer orden?

El tiempo y los vínculos

La cuestión no es negar el vínculo sentimental de los descendientes de emigrantes con España. Ese vínculo puede ser sincero y profundo. La cuestión es comprender que el paso del tiempo transforma la naturaleza de las relaciones humanas.

El emigrante vivió España. Trabajó en España, conoció sus dificultades y participó directamente en su vida social y económica. Sus hijos heredaron parte de esa experiencia. Sus nietos heredaron sobre todo su memoria. Y........

© Periodista Digital