El secreto
Ketty Garat lanza una advertencia que deja tiritando a Sánchez y sus lacayos: «Ha quedado meridianamente claro»
Hace años, un amigo, muy racionalista él, me preguntó por el ´secreto´ de mi fe en Dios. Guarde silencio durante unos segundos, mientras en mi interior meditaba sobre lo complicado que era explicar lo que se vive durante una experiencia mística, a alguien que nunca la ha tenido.
Desechada la idea inicial, procedí a elegir, de entre las muchas razones que tengo para creer, sin fisuras, en Dios, una que fuera fácilmente asimilable por mi interlocutor, sin necesidad de que sus neuronas se ´gripasen´.
Así que le confesé que, en esta vida, todo lo que le he pedido a Dios, me ha sido concedido. Todo menos una cosa.
La verdad es que el 99% de mis oraciones están dedicadas a pedir por los demás, y lo que suelo pedir para mí, no es que Dios solucione mis problemas, sino que me dé la fortaleza necesaria para afrontarlos.
Mis peticiones por los demás, obedecen a cuestiones complejas y concretas, cuya solución escapa a mis capacidades; pero siempre, siempre, de un modo u otro, el milagro se produce; unas veces en cuestión de minutos, y otras en cuestión de años, porque así debía ser. Jamás me he sentido defraudado; jamás.
Tan solo en una ocasión, tal y como he dicho antes, mi petición no fue escuchada… gracias a Dios, porque si se me hubiese concedido lo que le deseaba, las consecuencias hubiesen sido desastrosas para mi vida. Es más, las mejores cosas que me han sucedido en esta vida, siempre han provenido de aparentes desgracias. Y es que pensamos con lógica humana, no divina.
Así pues, y tras hacerle la exposición que antecede, le dije a mi amigo: ¡Cómo no voy a creer en Dios!
Mi interlocutor me miró........
