El último baile
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A todos nos gusta oír aquello que queremos que nos digan, tendiendo a despreciar a quienes nos quitan la venda de los ojos, mostrándonos la triste realidad en toda su crudeza.
En base a este hecho, el demagogo charlatán, lleva siempre todas las de ganar, frente al político honrado, al prometer lo que haga falta, y lo que no también.
Por otra parte, la falta de práctica en las artes de la mentira y el engaño, convertirá a los políticos honestos, en unos personajes sombríos y poco atractivos, para un electorado ansioso de oír tan sólo lo que desea.
Mientras tanto seguiremos perdidos, deambulando en las tinieblas de una tierra sin Sol, envueltos en una danza de sombras que nos congelará hasta el alma.
El pan, salvo metáforas bíblicas, jamás cae del cielo. La realidad no entiende de derechos, sino de hechos. Hay lo que hay.
Todo lo demás no deja de ser letra impresa, tan utópica como vaga, tan perezosa como irreal.
La revolución vendrá el día que, por hambre, la gente empiece a comerse sus derechos, y se den cuenta que al cerebro se le puede idiotizar, pero al estómago no se le puede engañar.
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