Yo fui (y sufrí) a la EGB
Llegó el verano y, además del calor sofocante, con él llegaron los conciertos masivos y los festivales de música. Aunque los medios de comunicación, por un motivo u otro, hablen casi siempre de los mismos, se pasan por alto uno de los pocos eventos musicales que reúne a numerosos artistas y que es itinerante. Hablo de los llamados festivales nostálgicos que rememoran los 80, 90 o 2000. Aunque han tenido varios nombres y más de un promotor, en su promoción es normal encontrar mensajes del tipo “¡El lugar donde somos felices!”. Miles y miles de personas acuden a ese reclamo. Festivales que apelan a la nostalgia para atraer a quienes creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, que antes la música molaba más y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, también era todo más seguro y más tranquilo.
No pasaría como un hecho anecdótico que grupos de personas adultas decidan compartir una camisa ridícula para beber sin control escuchando canciones que no eran buenas ni en los 90 si no fuera porque, en esos círculos remember, se encuentran quienes utilizan la nostalgia para colar mensajes reaccionarios. Para lucrarse con el enfrentamiento directo entre generaciones que opinan que la actual es de cristal, que no quiere trabajar, que escucha música de mierda, que ya no se puede decir nada, que no se pueden hacer chistes de mariquitas y que antes había más libertad. Y detrás de esto viene el racismo que señala que las calles ya no son seguras y que antes podías dejar la puerta de casa abierta y nadie entraba.........
