La Unidad de la Izquierda y el botón del traje de Rufián
El otro día fui a comprarme un par de vaqueros nuevos, no por necesidad sino por capricho, y acabé cogiendo una talla mucho más pequeña de la que normalmente uso. Y no es porque ahora esté más delgada, es que el tallaje de las prendas de ropa femenina se ha vuelto una locura indescifrable. Lo mismo necesitas una talla pequeñísima para una prenda que en la misma tienda te encuentras unos pantalones de la talla L en los que no cabes. Y eres la misma persona. Y, que sepas, tu cuerpo no ha mutado milagrosamente en el probador entre pantalón y pantalón, por lo que asumo que el problema no es cosa mía y, mucho menos, culpa mía.
Porque ya sabemos que con estas cosas de la corporalidad y el peso, especialmente el de las mujeres, tendemos a confundir un hecho, que pesemos más o menos, con una acusación, que no nos cuidamos, que no nos preocupamos por nuestra salud y, sobre todo, que parece que nos importe un pito lo que otros -la mirada masculina, principalmente- puedan pensar de nosotras. Y es en esto último donde hemos dado con la madre del cordero, porque a la mayoría de las mujeres se les puede perdonar cualquier cosa excepto que no quieran ser deseables para los hombres. Así que podemos vestir de lagarterana la gordofobia pero en el fondo esta no es más que el reflejo de la creencia misógina de que el cuerpo femenino está hecho por y para el deseo masculino y, por tanto, nuestra obligación es disciplinarlo hasta transformarlo en lo que se nos exige que sea. Cueste lo que cueste. Es por eso que tendemos a confundir las cuestiones relacionadas con la salud, el cuerpo y los hábitos de vida con la moralidad y, por tanto, con el respeto que merecemos que los demás nos muestren. Si una no se cuida, entonces no tiene derecho a que nadie la quiera, la cuide, la escuche y la respete.
Un poquito como está pasando en estos tiempos de locura reaccionaria colectiva con la izquierda. Pues esta se ha convertido en un batiburrillo en el que caben las cuestiones prácticas, las organizativas, las estéticas, las personales y las éticas, todas ellas mezcladas y batidas para ser servidas en un puré que, a veces,........
