A las 20.000 niñas y niños impunemente asesinados en Palestina
"Si pudiera, haría un mundo bueno para ti; te llevaría siempre en mis brazos para que no te lastimara la vida." Juan Rulfo
¡Ay, si yo pudiera! Si yo pudiera hacer milagros, los niños masacrados en Palestina seguirían vivos. Sonriendo y cantando. Dibujando con un palito en la arena de las playas de Gaza, nubes, soles y árboles. Y soñando. Soñando con ser un día enfermera, acróbata en un circo o astronauta. O recolector de higos y dátiles de los palmerales. Jugando a la pelota en la plaza de la mezquita, mientras por el altavoz del minarete el almuecín llama a la oración: ¡Allahu Akbar! Alá es grande. El mismo Alá que os ha dejado colgados, tirados, asfixiados entre los escombros, aniquilados a balazos. Abandonados. Igual que nosotros. Primero Dios, luego los hombres.
Niños vivos lanzando cometas al viento, como símbolos de libertad, esperanza y resistencia. Niñas correteando por el parque, debajo de los naranjos de los que ya brotan las flores de azahar con su aroma dulce, de miel y agua fresca. Sin permitir que nadie os robara el futuro y la primavera. No un simple milagro de peces y panes, sino de muerte y vida. Para prolongar hasta la eternidad vuestra infancia truncada. Vuestro corazón limpio y virgen, vuestra inocencia perdida. ¡Ay, si yo hubiera podido cambiar esas bombas por las flores de azahar que ya trae la primavera!
Si hubiera estado en mis manos y no solo a la vista obscena de las pantallas de los móviles y los televisores del planeta, jamás os habría dejado deambulando como sonámbulos por esos edificios de calavera, llamando a vuestros padres. En una búsqueda desesperada y vana. Sonámbulos del horror en las ciudades devastadas, esqueletos de polvo, hormigón y ferralla, gritando en balde, inútilmente, porque ya no os oía nadie. Habían matado – y siguen matando – a todos: a vuestros padres, a vuestros abuelos, a vuestros hermanos. Solo quedabais vosotros, aunque tuvierais los días contados, porque los genocidas........
