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Alba Carrillo, ¡presidenta!

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18.05.2026

Alba Carrillo dinamitó, en cuarenta y ocho horas, todos los prejuicios que pudieran existir contra ella. Los míos, los primeros. Y lo hizo con una lección de ciudadanía, coherencia y justicia social, desde un sentimiento de solidaridad y compromiso que raramente encontramos en los personajes del corazón. 

Alba Carrillo, a la que muchos conocimos a raíz de la prensa rosa, me parecía un personajillo más de esos que crecen, como champiñones, al amparo del dinero fácil. Me interesaba tan poco que no me di la oportunidad de escucharla. Directamente, como hago con muchos de estos personajes del salseo, doy al mute. Hasta que, por casualidad, la escuché opinar sobre un tema relacionado con el feminismo, ahora no recuerdo cuál, y, para mi sorpresa, no utilizó esos ingratos comodines tipo "feminismo neutral", a lo Mónica Naranjo, ni esas opiniones de cuñao que invaden las tertulias del corazón.

Se expresó con argumentos, sin desdibujar su compromiso ideológico con la izquierda, concienciada con el bien común y no sedada por el privilegio que a algunos les da trabajar delante de un micro y una cámara. Y empecé a prestarle un poco más de atención porque Alba Carrillo había desmontado mi prejuicio y ahora, como mínimo, debía escuchar.

Hace unas semanas, Alba Carrillo criticó algo que yo, como trabajador autónomo que invierte gran parte de su tiempo laboral en RTVE, considero importante. ¿Debe una televisión pública contratar, directamente o a través de una productora, a personas que hayan defraudado Hacienda y aún mantengan deudas millonarias con la Agencia Tributaria? Esa pregunta ha sido contestada, en redes sociales, con un rotundo no. Al día siguiente, Alba Carrillo abandonaba el programa D Corazón de........

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