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¿Cuándo fue la última vez que bailaste hasta evaporarte?

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24.07.2026

Lo que nadie esperaba era que ella volviera a hacerlo. Y lo hizo. Porque lo que ha conseguido Madonna con Confessions II ya no es simplemente uno de los mejores álbumes de una carrera que recorre 43 años. Es todo un ensayo sobre la pista de baile como dispositivo revolucionario.

Escuchar el último trabajo de Madonna es una experiencia sensorial que comunica con todas esas áreas del cerebro que almacenan nuestros recuerdos autobiográficos y que, nada más iniciar el primer corte del álbum, I feel so free, nos evoca esa entrada en el club, cuando la celebración aún está a escasos metros de ti, detrás de esas puertas que insonorizan y protegen la magia de la corrosiva autoridad de lo cotidiano. Los graves, que retumban en los altavoces como latidos de tu propio corazón, abren camino a un pensamiento: ¿cuándo fue la última vez que bailaste hasta evaporarte, hasta fundirte, en una fina niebla, con los demás?

Y no, no me refiero a saltar en un concierto, ni a levantar los brazos al ritmo de un lololo, ni a ese balanceo de muñeco que se va quedando sin pilas y que muchas veces adoptamos cuando suena música y tenemos una copa en la mano. Hablo de bailar hasta olvidarte de ti mismo, hasta crear una identidad diferente, como dice la canción, que te permita entrar a formar parte de un organismo superior. Cerrar los ojos, bailar y sentirte libre.

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