Protectores de lo que mola
Ayer fui al súper y me topé con una crema hidratante que protege tu cutis contra el envejecimiento, con un champú que repara y protege tu cabello, con unos yogures que ayudan a tus defensas y con un detergente que protege tu ropa de la decoloración. Tanto mirar con un ojo a Irán y con el otro a Trump y resulta que el peligro está aquí mismo, en tu epidermis, en tu cuero cabelludo, en tu lavadora. Por la noche le di un par de vueltas al asunto y deduje que la vejez nos envuelve en pellejos, pero eso no es de ninguna manera una amenaza, que el cuerpo tiene sus defensas y puede prescindir de según qué ayudas y que el champú en cuestión, que trae bien de sulfatos, te dejará el pelo hecho un Cristo, diga lo que diga el eslogan publicitario. Esta mañana, al levantarme, he activado mi sistema de alarma corporal contra cualquier producto que insista en rescatarme de la nada.
Durante el desayuno me ha ocurrido como cuando aprendes una palabra nueva y de pronto te la encuentras en todas partes: me ha asaltado en youtube el vídeo de un tipo que asegura que la mujer necesita un hombre que la proteja. Ya saben, uno de esos capullos........
