La factura del sometimiento: así compra Washington la sumisión de sus aliados
El acuerdo nuclear con Arabia Saudí, la ofensiva contra Yemen y los bombardeos en Irak forman parte de una misma operación para blindar al régimen israelí.
El 22 de julio de 2026, el secretario de Energía de Estados Unidos y su homólogo saudí firmaron un acuerdo de cooperación nuclear civil. Veinticuatro horas después, Trump lo condicionó públicamente a que Arabia Saudí se sumara a los Acuerdos de Abraham y normalizara relaciones con Israel. El mismo día en que Washington bendecía el enriquecimiento de uranio en territorio saudí, Riad reanudaba los bombardeos contra los hutíes en Yemen, alcanzando Hodeida y matando a civiles y a miembros de la resistencia. Ninguno de estos hechos es aislado: los tres pertenecen al mismo guion, escrito por la misma mano, que lleva meses ensayándose desde que Estados Unidos e Israel reiniciaron, en febrero, una guerra de agresión contra Irán que no deja de ampliar su perímetro.
Conviene ser precisos sobre lo que se le reprocha a Irán, porque el lenguaje con el que se cubre esta guerra suele desplazar la discusión. Que Irán mantiene un programa nuclear no está en discusión: es un hecho verificado en las innumerables inspecciones a las que el país se ha sometido ante el Organismo Internacional de Energía Atómica, inspecciones que han confirmado sistemáticamente su carácter civil. Lo que jamás se ha demostrado —y no puede demostrarse, porque no es cierto— es que ese programa persiga una finalidad militar. Esa acusación, nunca sustanciada ante ningún organismo internacional, ha bastado para justificar ataques directos contra su territorio, sus infraestructuras civiles y sus mandos militares. Mientras tanto, Washington firma con Arabia Saudí —monarquía absolutista y feudal, ejecutora sistemática de la pena de muerte y responsable directa de la destrucción de Yemen desde 2015— un acuerdo que abre la puerta al enriquecimiento de uranio en su territorio. No hay aquí ninguna........
