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Las consecuencias de la ley fálica (y 2)

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09.05.2026

Dejé en el anterior artículo la retahíla de desgracias que trajo a este país la boda de una borbona de la rama usurpadora reinante y su primo borbón de la rama carlista. Que dirá alguien… hombre… pues si los chicos se querían… ¡Qué coño se van a querer! Que estamos hablando de un matrimonio entre borbones… solo cuenta el negocio.

Cuando la sociedad y la política conocieron el compromiso de la princesa de Asturias, Mercedes de Borbón, con el carlista Carlos de Borbón se montó la marimorena. Tanto, que las garantías constitucionales se suspendieron para poder imponer la censura periodística y evitar los insultos día sí y día también en los periódicos al novio y a su padre. Aquella boda soliviantó también a los propios carlistas, que comenzaron otra vez a agitar el avispero y a calentar la calle. Estaba claro que las espadas seguían en alto.

Cuando la sociedad y la política conocieron el compromiso de la princesa de Asturias, Mercedes de Borbón, con el carlista Carlos de Borbón se montó la marimorena

Vamos primero a cómo apañaron la boda antes de hacer el anuncio oficial, que ya ahí hubo sus tiranteces porque la reina regente, María Cristina de Habsburgo, le pidió al padre del novio, Alfonso de Borbón, conde de Caserta, primero, que su hijo se nacionalizara español; segundo, que se personara en Madrid para pedir oficialmente la mano de la princesa de Asturias e iniciar los trámites parlamentarios antes de las vacaciones de Navidad del Congreso; y tercero, que se retractara públicamente de sus principios carlistas para contentar a la opinión pública liberal española. El carlista Alfonso contestó a su futura consuegra que lo de que el chaval se nacionalizara español, sin problemas, pero que la petición de mano la haría por carta y que no consideraba necesario retractarse de nada ni hacer ninguna otra concesión.

Y empezó la bronca parlamentaria, porque, tal y como exigía la Constitución vigente, se requería la aprobación de ese matrimonio por las Cortes, y gran parte de los diputados, tanto liberales como conservadores, no estaban dispuestos a aprobar esa boda. Por aquel entonces los políticos republicanos eran menos serviles que muchos de ahora, que solo son republicanos de boquilla y luego corren al besamanos.

El carlista Alfonso contestó a su futura consuegra que lo de que el chaval se nacionalizara español, sin problemas, pero que la petición de mano la haría por carta

Hubo muchas intervenciones contrarias a aquella boda; entre las más famosas, la del diputado Vicente Blasco Ibáñez. Con estos argumentos que recoge el diario de sesiones explicó quién era el padre del novio: "Yo, que no conozco al Conde de Caserta particularmente, conozco la Historia, y por ella sé que el Conde de Caserta asistió al saqueo de Cuenca, bombardeó Pamplona y San Sebastián y sé que se ha batido contra el Ejército español; y después de todo esto, el día de mañana, nuestros generales, encanecidos y cubiertos de cicatrices en la lucha contra los carlistas, tendrán que ir a los besamanos de palacio a inclinarse ante aquel que muchas veces persiguieron y combatieron, negando así la historia liberal de España. Esto es Historia, señor presidente; y puedo traer aquí manifiestos del señor Conde de Caserta atacando a la personalidad de Don Alfonso XII, su consuegro".

Hubo mucha bronca parlamentaria porque el padre del novio, efectivamente, era un carlista que se levantó en armas contra la dinastía reinante y contra el pueblo español, y que seguía sin reconocer la legitimidad de los borbones y de la propia princesa de Asturias con la que se iba a casar su hijo.

Finalmente, la reina pidió el permiso de las Cortes, pero haciendo trampas y alterando los plazos, porque primero debería haber puesto en conocimiento de los parlamentarios el futuro matrimonio para que se sometieran a aprobación los contratos y estipulaciones matrimoniales, tal y como exigía el artículo 56 de la Constitución de 1876, y luego celebrar la petición de mano. Lo hizo al revés. Y, además, el carlista se salió con la suya y no aceptó rebajarse a viajar a España para pedir personalmente la mano de la muchacha; se limitó a enviar una carta. Pa' chulo… él.

Esta petición por escrito se........

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