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Alfonso de Borbón, el príncipe indeseable

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23.05.2026

Pregunten… pregunten a un amigo, a una compañera, a un pariente o a cualquiera a quien crean medianamente informado cómo se llamaba el Príncipe de Asturias durante el reinado de Alfonso XIII. Pocos darán la respuesta correcta, y es probable que una mayoría responda que fue Juan de Borbón. Y es cierto. Juan, el abuelito biológico de Felipe (el putativo era Franco) y padre del defenestrado Juan Carlos, fue designado por Alfonso XIII como sucesor al trono de España en 1933 pese a ser el penúltimo de la fila. Cierto que acabó siendo el último, porque el hermano pequeño, Gonzalo, murió en un accidente de tráfico en 1934.

Alfonso XIII debió de prometérselas muy felices durante su reinado al ver que la sucesión estaba asegurada con semejante stock de herederos machos: Alfonso, Jaime, Juan y Gonzalo. De los cuatro, tres fueron inservibles. También había dos chicas, Cristina y Beatriz, pero ya saben que mientras haya hermanos con un par, aunque sea solo de adorno, ellas no cuentan para reinar. Indudablemente salen ganando, porque viven a la sopa boba con ausencia de toda responsabilidad.

A Juan de Borbón lo conocemos todos porque es el que nos han metido por los ojos para que borráramos como integrantes de la familia real a los otros dos gamberros. Alfonso fue un absoluto caradura, y Jaime un tipo con muchas ínfulas y pocos escrúpulos. A Gonzalo, al morir con 19 años, solo podemos tacharlo de irresponsable por conducir sin el correspondiente permiso.

A Juan de Borbón lo conocemos todos porque es el que nos han metido por los ojos para que borráramos como integrantes de la familia real a los otros dos gamberros

Alfonso de Borbón y Battenberg, el llamado a ser Alfonso XIV, nació en el Palacio Real de Madrid en 1907. Fue un crío bastante flojeras, y continuó siéndolo en su infancia, su adolescencia y su juventud. No así en su madurez, porque no llegó. Alfonso era muy rubio y con los ojos muy azules por parte de mamá, pero también hemofílico perdido. Se percataron de que algo no iba bien cuando a los pocos días de nacer lo circuncidaron y no había forma de parar la hemorragia. La enfermedad que impide que la sangre coagule como debe, también la legó mamá, circunstancia esta que jamás perdonó papá.

Aquí comenzó una cascada de desgracias de la pareja formada por el play boy Alfonso XIII y la british renegada Ena. Si una no fuera tan atea como es, diría sin ningún género de dudas que su dios los castigó. Y con toda la razón, porque no se puede estar tocando las narices a la divinidad creyendo una cosa hoy y otra al día siguiente. Ena dio la espalda a su dios anglicano para abrazar al católico, y Alfonso XIII, no es que pasara del suyo, es que se pitorreaba de él saltándose todos los mandamientos dos o tres veces por semana. Es tradición borbónica.

Alfonso, príncipe de Asturias, sin embargo, acabó expulsado de la familia real y degradado a vulgar conde de Covadonga, un título que nació y murió con él para poder endosarle una pensión que le permitiera seguir viviendo del cuento. A un Borbón lo apeas de sus privilegios y de los gajes que consiguen gracias a su apellido, y al segundo día en el mercado laboral caen en profunda depresión.

Alfonso XIII y toda la prole salieron expulsados de España por sinvergonzones en 1931, pero los reyes gustan de mantener las formas incluso en el exilio

¿Qué había pasado? ¿Qué clase de extravagancia era esa de despojar al heredero al trono de España de sus legítimos derechos........

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