Desterrar el 'buenismo'
“Golfas endófobas”, reza una pintada en la fachada de la sede de Cruz Roja en Ferrol. “Plan Kalergi”, advierte con pintura negra sobre el cristal del local. “Traidores. Ceuta no está sola”, remata el grafiti, a más de mil kilómetros de la ciudad autónoma. En pocos metros, en lo que caben dichas pintadas, se resume la campaña que la extrema derecha está llevando a cabo a propósito de los acontecimientos que, desde finales de julio, tienen a Ceuta como escenario.
Hoy todo se mide allí, aunque los laboratorios estén lejos y la onda expansiva alcance a todo el país y más allá. El enclave es perfecto, en distancia y opacidad, por los relatos imperantes que cada vez más excluyen la humanidad de todo este asunto. Por el caos, el miedo y la ansiedad generado por la mala gestión, el boicot intencionado de la oposición para que el problema se enquiste y el espectáculo del miedo que algunos medios explotan de manera obscena para ganar audiencia e instaurar, dicho sea de paso, los marcos ideológicos que les interesan.
El asunto en sí ya ha trascendido más allá de los propios migrantes, sujetos y objetos de escarnio, de mercadeo político y estigma, y como siempre se advierte en los discursos de odio y en las campañas de deshumanización, acaba saliéndose del margen y salpica e interpela mucho más allá. Endófobas llaman a las ONG, acusación de odiar lo propio, a su propio pueblo, a su raza, porque se ocupan de los migrantes (no solo de ellos, pero también de ellos) en situación precaria. Traidores porque atienden a los vulnerables sin filtros raciales o nacionales, y golfas porque lo hacen por puro deseo sexual hacia el........
