Ceuta como laboratorio
La situación que desde hace ya un mes vive la ciudad autónoma de Ceuta es insostenible, más allá de los análisis que queramos hacer sobre las causas, los actores en juego, los beneficiarios, sus víctimas y los errores de gestión. Esta ciudad, que pocas veces es noticia en los medios, acapara hoy gran parte del foco mediático que va mucho más allá de España, centrando las miradas y los juegos de la política internacional. No se trata solo de resolver una crisis puntual, sino de poner en cuestión un orden, unos valores y una arquitectura internacional y una diplomacia que empieza hoy también a hacer aguas por esta frontera sur de Europa.
Hay muchas miradas sobre este asunto que se estrellan ante el espejo que Ceuta ha puesto ante todos nosotros y ante el mundo. El reto en el que se ha convertido la salida a esta crisis, no solo para España sino para toda Europa, vuelve a poner en entredicho las políticas de fronteras y su encaje en la retórica de los derechos humanos. Y también, como se ha visto, la capacidad de un Estado europeo para enfrentarse a cualquier acontecimiento de esta magnitud, con fuerzas externas e internas deseando que la crisis vaya a más. Hay demasiadas cosas en la trastienda que esta situación está sacando a relucir y que, a pesar de haber estado siempre ahí, la ‘normalidad’ con la que se habían instalado empieza a resquebrajarse.
Los equilibrios dialécticos del Gobierno para exonerar a Marruecos de su responsabilidad pueden servir para la diplomacia, pero no convencen, dadas las consecutivas evidencias que se están destapando. Que con Marruecos hay que llevarse bien -a pesar de todo- es algo que defienden todos los partidos que aspiran a gobernar, más allá de sus soflamas patrioteras de estos días, pues saben que esta dictadura tiene la llave para abrir una nueva crisis cada vez que quiera. Y que, además, es uno de los principales aliados de Estados Unidos e Israel en la zona. Lo mismo sucede con otros regímenes a los que se les paga para que........
