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Una propuesta ética frente al mundo oscuro de Palantir

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13.05.2026

Como es sabido, la empresa Palantir Techonologies ha publicado un manifiesto para promover la imaginaria “república tecnológica” del futuro, una fusión de Silicon Valley y el Pentágono capaz de garantizar la supremacía militar de "Occidente" a través de la Inteligencia Artificial. El mismo nombre de la empresa, Palantir, de tintes siniestros -proviene de los cristales mágicos que Sauron (El señor de los anillos) utilizaba para espiar y corromper a la gente-, anuncia sus aspiraciones de hegemonía militar, de dominación a través de la fuerza bruta (hard power) y de desprecio por la democracia y la cultura, a la que califican de decadente y a la que tratan de "salvar".

El Manifiesto justifica el proyecto tecnofascista que propone por la necesidad de las grandes empresas tecnológicas de pagar la enorme "deuda moral con el país que hizo posible su ascenso", de la cual derivaría la "obligación positiva de participar en la defensa de la nación". Como era de esperar, el documento ha provocado un enorme revuelo en las redes.

Yanis Varoufakis respondió con un Contramanifiesto en el que comentaba, punto por punto, la macabra declaración. Para el economista griego, la "deuda inconmensurable" de Silicon Valley estaría relacionada con el rescate a "los banqueros delincuentes que destrozaron el sustento de la mayoría de los estadounidenses". Obviamente es a ellos, a esa élite financiera, y no "a la nación", a quienes serían leales, y de quienes serían fieles defensores los nuevos señores feudales. Sin embargo, en mi opinión, la mayor deuda se remonta a los orígenes; no olvidemos que internet nació de un proyecto del Departamento de Defensa de EEUU (ARPANET) a finales de los años 60 financiado íntegramente con dinero público.

En efecto, las plataformas tecnológicas, que hoy dominan nuestro mundo -y que concentran en sus manos una riqueza mayor que el PIB de muchos países-, se desarrollaron en las universidades y centros de investigación con dinero público. Silicon Valley se construyó sobre una enorme inversión del Estado, que asumió los riesgos, pero que luego cedió gratuitamente los beneficios y el control. Fue un proceso de privatización gradual: la transferencia a operadores privados de la gestión de la National Science Fondation en 1995 y la Ley de Telecomunicaciones en 1996 -que desreguló el sector y permitió la concentración empresarial masiva- fueron hitos claves en ese proceso. En definitiva, el Estado se descapitalizó a cambio de nada: regaló infraestructura y protegió legalmente a las plataformas sin exigir contrapartidas a cambio. Como es sabido, el mecanismo de transferencia de lo público a lo privado es moneda corriente en otros muchos sectores, como la educación o la sanidad. Ocurre que luego los grandes empresarios que defienden la autorregulación del mercado olvidan con mucha facilidad la financiación pública y la legislación favorable sobre la que se levantan sus imperios multimillonarios.

Pero no se trata solo de acumulación de riqueza, sino de control, de dominación. La economía digital se ha convertido en un sistema extractivo que no solo genera riqueza, sino que privatiza y secuestra funciones que antes eran del Estado y de la ciudadanía. Este es el corazón del concepto de........

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