La violencia sigue siendo una herramienta de gestión común en las empresas
Ahora que volvemos de las vacaciones, es un buen momento para cuestionarse los entornos laborales en los que trabajamos y preguntarnos hasta qué punto hemos normalizado ciertas dinámicas que dañan nuestra salud.
Las relaciones interpersonales en cualquier ámbito social, tal y como las conocemos, llevan implícitas potencialmente ciertas dosis de violencia, ya se presente de forma física o no. El ámbito laboral, diseñado en torno a ciertas jerarquías de dominación, es uno de los escenarios donde se manifiestan estos episodios de agresividad más o menos explícitos, dada la confluencia que en ellos aparecen de relaciones sociales internas (dentro de la propia organización empresarial, horizontales y verticales) y externas (respecto a personas usuarias del servicio, por ejemplo). Ni que decir tiene que las distintas sociedades se estructuran simbólica y normativamente para intentar evitar que estos procesos de enfrentamiento entre personas o grupos sociales sean desintegradores socialmente. Podríamos decir que en cada contexto social, en cada época histórica, se aceptaría implícitamente unos ciertos niveles y formas de violencia.
Definir qué es o no una acción violenta en el ámbito laboral no es tarea fácil. En su expresión visible e inmediata, podríamos caracterizarla como aquel "comportamiento deliberado, aislado o repetido, que tenga un objeto o efecto intimidatorio que dañe la integridad física o psicológica de quien la recibe, durante el trabajo o como consecuencia del mismo". Esta definición también delimita, en cierto sentido, el nivel de violencia socialmente aceptada: aquella que, desde la perspectiva subjetiva de la víctima, no dañe su integridad física o psicológica. Esto supone que existen unas dinámicas violentas consentidas por el conjunto social, y cuyos efectos nocivos, o bien se invisibilizan, o bien se individualizan y normalizan.
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De hecho, en el ámbito laboral, las potenciales víctimas ya partirían de un cierto nivel de aceptación interiorizado de violencia, a través del propio proceso de socialización, tanto primario, como es la familia, como secundario, al que pertenece el ámbito educativo o el entorno laboral.........
