Genealogías del Lawfare
El otro día murió Sabino Ormazabal. Fuera de la geografía vasca, el asunto no ha merecido mucho más que alguna pincelada necrológica, las lágrimas digitales de aquellos que lo conocieron y llegaron a quererlo o admirarlo. Lo lloran Paca Blanco, Santiago Martín Barajas y Tom Kucharz desde la barricada de las luchas ecologistas. Lo honra Carlos Taibo en calidad de lector. Público ha difundido un obituario firmado por Juantxo López de Uralde. El Salto ha publicado sendas piezas de Imanol Zubero y José Manuel Ferradás. Y poco más. Para la audiencia española, ha muerto un soberano desconocido. Un anónimo sin solución.
Quien quiera conocer a Ormazabal por la vía del prejuicio estará condenado a no entender nada. Hoy en tierras vascas lo despiden las familias más dispares: excompañeros del diario Egin, víctimas de ETA, pacifistas recalcitrantes, veteranos de la izquierda abertzale y activistas de la izquierda federal. Estos elogios fúnebres ofrecen una idea sintética de toda una vida. El itinerario de Ormazabal atraviesa las protestas contra la central nuclear de Lemoiz, la muerte de Gladys del Estal, el "no" a la OTAN, la insumisión al servicio militar, la Fundación Joxemi Zumalabe, el fin de ETA y la reconciliación de las diferentes tradiciones políticas.
Pero este artículo no quiere ser una semblanza póstuma, sino la radiografía de un episodio que ya casi nadie recuerda y que allanó el terreno a otros episodios más actuales. Aún no se había........
