Cazadores de esclavos
Hombres armados caminan envueltos en el vaho de las respiraciones. Avanzan con pasos unánimes y trepidantes de euforia, pues saben que la batida está a punto de llegar a su fin. En las horas más desapacibles de la madrugada, han recorrido los caminos de Kentucky siguiendo el rastro de los fugitivos sobre la nieve y han atravesado a pie la superficie congelada del río Ohio. Archibald K. Gaines encabeza la partida. Es un hombre escuálido de tez arrugada y cabello ceniciento. Un reportero de la época lo recuerda vulgar y desastrado, en contraste con la elegancia que cabría esperar de un terrateniente sureño.
Todo empezó la noche anterior en la granja Maplewood de Richwood. La joven Peggy Garner, esclava desde la cuna, huyó con sus cuatro hijos para reunirse con Simon Garner Jr., su marido, cautivo en la vecina granja de James Marshall. Estaba embarazada y soñaba con engendrar un hijo libre en Ohio, donde la esclavitud había sido proscrita. Por eso escaparon a oscuras en un trineo arrastrado por dos caballos y sortearon con sigilo las patrullas policiales que vigilaban la frontera. Por fin, cuando consiguieron cruzar el río Ohio, se despojaron de sus nombres de esclavos. A partir de entonces, ella se llamaría Margaret y él Robert.
Archibald K. Gaines sabe que las autoridades federales están de su parte. La Ley de Esclavos Fugitivos, vigente desde los tiempos de Millard Fillmore, permite a los propietarios recuperar sus propiedades sin importar dónde se refugien. La colaboración con los cazadores de esclavos es obligatoria. De hecho, en el cruce de las calles Sixth y Mill, una niña les ha señalado la casa donde se esconden los fugitivos. Es la residencia de Elijah Kite, primo hermano de Margaret Garner, que........
