Hablar sobre el burka como demócratas
Y de pronto llegó el burka. Un día lo anunció Feijóo, al siguiente lo propuso VOX y de pronto las redes sociales se llenaron de mensajes exaltados. En cuestión de horas miles de personas se han vuelto expertas en la historia, el sentido y el uso del burka y el niqab musulmanes. Inmediatamente no han dudado en lanzarse a gritos al debate público, exigiendo que se prohiba de una vez ese terrible atentado contra la mujer. La más radical es gente que apenas se había preocupado hasta ahora por los derechos de las mujeres; si acaso, se había indignado antes con la llegada de mujeres transexuales, pero poco más. No importa. Ha bastado que Abascal dé la orden para que periodistas, juristas, opinadoras y otras personas de orden se crean la Pasionaria o la Simone de Beauvoir de la lucha contra los moros.
La mayoría de religiones tiene disposiciones discriminatorias contra la mujer. Lo de mantenerla callada y sometida a su marido parece ser un lugar común a casi todas ellas. La plasmación de esta alienación en formas de vestir que las invisibiliza repugna a cualquier demócrata. Aún así, la mayoría de españoles y españolas no ha visto nunca un burka de cerca. La práctica totalidad de quienes se exaltan estos días apenas ha vislumbrado a lo sumo de lejos el niqab de alguna turista árabe rica, pero cree que es un debate urgente. Harán lo que haga falta para prohibir de inmediato está práctica centenaria, insultando o agrediendo a quien ponga pegas, aunque sean constitucionales.
El debate, promovido desde la ultraderecha, llega en el momento más delicado de nuestra democracia. Por el modo en que se desarrolla, está resultando extraordinariamente dañino para un sistema basado en las libertades. Para VOX y sus socios de lo que se trata es de presentar posturas maximalistas y xenófobas como si fueran de sentido común… y gran parte de la ciudadanía razonable las compra de manera acrítica.
Es sabido que una de las características del fascismo es la de ofrecer soluciones simples a problemas complejos. Otra, inventar problemas inexistentes que hacen a la población sentirse en peligro y unida frente a una minoría a la que fácilmente se culpa de todos los males. Los términos de este debate provocado siguen perfectamente esta........
