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Los conservadores también tienen miedo

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Trato de empatizar con los que vieron un mundo verde convertirse en polvo. Es complicado formar parte de mi generación, la que convive con el desastre desde esas primeras charlas ecologistas en los albores del colegio, pero debe ser terrible pertenecer a aquella que ve mutar el planeta en un terrón enorme que se deshace entre sus dedos y solo encuentra un lugar seguro en cualquier rincón mohoso de los portafotos. Todo aquello que dieron por sentado, por inamovible, se va deshaciendo. Los veranos en Valencia ya no son bucólicos, entre el verde de los naranjos y el frescor vespertino del Mediterráneo, sino la antesala misma del infierno desértico y las tormentas salvajes que riegan de muertos las barriadas; los finales de agosto ya no son templados, sino impredecibles, duros, sudorosos, y no dejan espacio para despertarse a media madrugada y sacar una mantita del altillo para arroparse. Europa, la vieja y líquida Europa, ya no es ese lugar fresco y acuoso que desde España pensábamos como un Arcadia, sino un lugar........

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