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Después del Orgullo

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05.07.2026

A la hora de publicación de esta columna, todavía quedarán algunos valientes apurando los restos de las fiestas en torno al Orgullo de Madrid. El de la capital pone para muchos punto final al reguero de convocatorias que recorren nuestro país –y no solo en las grandes ciudades, como este año ha quedado bellamente plasmado por la iniciativa Plumas de pueblo–, por lo que para el colectivo LGTBIQ el lunes siguiente a los fastos suele haber una cierta sensación de vacío, se mezcle o no con la resaca.

A pesar de que el de Madrid es el Orgullo más mercantilizado y menos favorecido por las instituciones que debieran arroparlo (ahí está la inefable campaña del Ayuntamiento de este año), continúa siendo una cita inigualable para quienes detectamos unas caras de ilusión muy concretas en tantos asistentes, sobre todo si son jóvenes y vienen de fuera: reconocemos la sensación inigualable de sentirse parte, quizás por primera vez, de una comunidad que se reúne y se celebra, aunque sea unos pocos días. Lo reconocemos porque un día esas caras fueron las nuestras.

Pero desde hace años los orgullos oficiales se han convertido en un artefacto incómodo para algunos sectores por razones distintas. En sus convocatorias, inundadas........

© Público