Figaredo y una señora gallega
Los políticos deben andarse con mucho ojo cuando pasean por la calle, porque la calle, por definición, es imprevisible. Frente a los safaris institucionales, los mítines recauchutados a base de claqué y las ruedas de prensa coreografiadas, la calle muestra el lado selvático de la realidad, donde la gente anda sin bozal, sin filtros y a veces hasta sin modales. A Pedro Sánchez suelen mentarle la madre según asoma el hocico por un portal, mientras que a Ayuso le recuerdan una y otra vez la masiva eutanasia de abuelos durante la pandemia mediante un vistoso 7.291 estampado en carteles y camisetas. Calificativos cariñosos aparte.
En febrero de 2013, en previsión de lo que pudiera suceder, Mariano Rajoy compareció para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas a través de una pantalla de plasma, como si los periodistas no estuvieran lo bastante domesticados a base de credenciales y fuesen a abuchearlo o a arrojarle zapatos a la cabeza. Mariano en diferido y en forma de simulación era........
