No recuerdo ni una palabra de lo que dije en aquel acto
La fiesta mayor de aquella coqueta ciudad isleña arrancaba en uno de los edificios principales, quizás el mayor después del ayuntamiento, un auditorio grande de esos antiguos con sillones de terciopelo algo ajado, maderas nobles y trampantojos desleídos. Pero era bonito y me sentí halagada. Me habían elegido a mí para el discurso de comienzo de las celebraciones, que quizás no eran de fiesta mayor, ahora que lo pienso, ni patronales. Puede que se tratara de algún aniversario redondo. Nunca sabes de dónde te va a caer el garrotazo.
Una debería acostumbrarse a que el leñazo siempre acaba llegando. Entre el público había más mujeres que hombres, pero vi muchos más varones que los que suelen acudir a las charlas de una mujer feminista. Da igual si vas a hablar de literatura, de comunicación o de derechos humanos. Eres feminista, y eso le molesta a una parte de la población. Pero aun así, aquella gente me había invitado a mí y una emoción tierna me tenía........
