Sobre humos y búnkeres para las joyas de los ricos
En los Alpes suizos, una empresa está construyendo cámaras acorazadas de enormes dimensiones para que los superricos entierren lo que consideren de sus obscenas fortunas. Utilizo el verbo enterrar porque estas gigantescas cajas fuertes, en las cuales está previsto que quepan vehículos de alta gama, se ubicarán a cien metros bajo tierra, en las entrañas rocosas de una cordillera que supone un patrimonio natural esplendoroso, cuna de glaciares y biodiversidad. Quizá nos hayamos ido acostumbrando a las excentricidades de una élite que arrasa ecosistemas enteros con tal de mantener su estatus; directa o indirectamente, pues no es nada desdeñable la influencia política que ejercen ni su huella evidente en la formación de la opinión pública. Pero este nuevo asalto me ha afectado más si cabe, porque lo he descubierto a 42 grados y tras una semana respirando el insoportable humo del incendio de Niebla (Huelva), uno de los más destructivos de este verano (supera las 30.000 hectáreas afectadas, cifra muy parecida al de la sierra de Madrid, aunque con bastante menos cobertura mediática). Una se sienta a la mesa, con ese picor de garganta que me ha hecho recuperar las mascarillas del covid, y ve la noticia, como si recibiera la mayor........
