El lenguaje del odio
Algo muy simple nos hace humanos y consiste en cuidar al prójimo. Como no tengo coche, me tranquiliza pensar que mi vecino puede llevarme en el suyo al hospital si lo necesitase. Ese mismo señor ya salvó del sufrimiento a otro vecino cuando acudió en su ayuda al escuchar el estruendo de su caída por las escaleras; y, si mi abuela pudo vivir tantos años sola, es debido a que siempre había algún alma caritativa que le llevaba la compra más pesada. Esta fórmula también sirve a la hora de tratar con desconocidos; en un viaje de trabajo, me ofrecí a acompañar a un joven estudiante en su primer trayecto de Chamartín a Atocha, y debo decir, humildemente, que se sintió muy aliviado entre el caos de las obras. A veces, las personas actuamos así, de manera altruista, reforzando unos lazos que, en pleno auge del individualismo, resultan cada vez más necesarios. Si volvemos la vista atrás, comprobaremos cómo estos rasgos consustanciales a la condición humana pudieron materializarse, por ejemplo, en el principio de solidaridad sobre el que se fundó nuestro Estado del bienestar –con leyes como la de sanidad universal, aprobada en 1986–, o se promulgaron los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial. También muchas religiones parten del mismo núcleo moral:........
