Que no nos quiten también el humor
Uno de los últimos piropos que me han dedicado (que siempre queda mejor que decir que fue el único) salió de boca de una compañera del instituto en el que actualmente cubro una sustitución. Comiendo juntas me preguntó, tras soltar una carcajada al escuchar alguna de mis tonterías: "¿Por qué no te dedicas a hacer memes?".
No recuerdo ni qué le había dicho. De cada tres palabras que salen de mi boca, cuatro no suelen ir en serio. Es una forma de autodefensa contra la vida. Nací así y no sé ser de otra forma, tampoco tiene mucho mérito. Escribí un libro sobre salud mental (pausa para hacer la autopublicidad, que les recuerdo que soy sustituta —y escritora, imagínense el panorama—: si quieren curiosear y, por qué no, leerlo, pueden pinchar aquí), y en gallego me pusieron una faja en la que decía "Unha novela divertídísima e profunda sobre a saúde mental" (la versión original en mi maravillosa lengua materna está aquí —perdón, pero recuerden que las chicas no lloran, las chicas facturan, sobre todo si quieren comer fuera de casa con sus compañeras—). Me molestó un poco, no les voy a engañar: casi diez años gastándonos, mamá, papá y yo, el dinero en psiquiatras y psicólogas, para que al final me feliciten por lo que me sale innato. Hay que joderse.
Yo nunca he hecho un meme. A veces sí me siento un poco meme, para qué engañarnos, pero el comentario de mi compañera me hizo darme cuenta de lo poco que nos reímos últimamente. No hablo de reírnos........
