Queremos esclavos blancos
Hace poco participé en un congreso en un campus nuevo al norte de París. Mi hotel estaba en el centro, pero durante un par de días caminé varias veces los cuatro kilómetros a la universidad. Me gusta caminar: es la única forma de ver lo que no aparece en las guías turísticas. Y en las guías turísticas aparece Montmartre, claro, pero no lo que hay un poco más allá. De repente, todo cambia: los negocios, los bares, el aspecto de las calles y la gente. Y uno se encuentra en África subsahariana. Restaurantes senegaleses, tiendas de ropa de Mali y peluquerías afro. Las lenguas que se escuchan y el atuendo de la gente no es el de un par de kilómetros más al sur. Hasta huele distinto.
París ya no es París, diría un racista fino. Puede ser. Pero es que París nunca ha sido París. Lo sabríamos si no nos hubiéramos olvidado de cómo era la clase obrera hasta hace poco.
Históricamente, la burguesía ha percibido la clase trabajadora en clave de alteridad. Le horrorizaban sus costumbres tanto como las de los "salvajes" de África. Y tiene su lógica: a las obreras........
