Así es el fútbol
Quedará en nuestra memoria esa frase sencilla y profunda: “Hoy se sufrió y así es el fútbol. Y así tenía que ser, nada fácil para los bolivianos. Nunca es fácil nada, para los bolivianos”.
Horas antes, la ciudad volvió lentamente a la normalidad tras el levantamiento del paro de transportistas, y Bolivia entera se recogió en un mismo gesto: reunirse frente a una pantalla para compartir silencios y sostener la esperanza.
Y entonces llegó el penal. Y con él, ese instante suspendido en el tiempo en el que los segundos dejan de avanzar y el corazón late más fuerte que cualquier reloj. Mirábamos, conteníamos el aliento, sufríamos. Porque así es el fútbol, pero también -y sobre todo- así es Bolivia: un país que aprende a resistir incluso en la espera.
Al final, cuando el silbato anunció lo que tanto habíamos anhelado, no hubo gritos inmediatos, sino ojos vidriosos, abrazos torpes, palabras que salían desde un lugar muy hondo. Escuché a un joven decir: “Pensé que me iba a morir sin ver a nuestro país tan cerca del mundial”. Y en esa frase cabía todo: la historia, la frustración, la esperanza persistente.
Así es el fútbol. A veces se gana, otras no. Es industria global, espectáculo de millones, pero también es algo mucho más íntimo: sueño, pasión y sufrimiento compartido. Es rito colectivo en un mundo cada vez más individualista, es pertenencia, es ese raro momento en el que dejamos de ser individuos para ser un “nosotros” que late al mismo ritmo. Se juega con los pies, sí, pero se siente en el pecho.
Decimos “así es el fútbol” como quien intenta explicar lo inexplicable. Porque el fútbol no se piensa, se vive. Su complejidad no está en las reglas, sino en lo que despierta: en la fe irracional, en la angustia, en la alegría desbordada. Es, al mismo tiempo, todo y nada.
Escuché a una dama decir que era más fácil recuperar el mar que clasificar al Mundial. No me sorprendió: en Bolivia, el mar, la fiesta y el fútbol son símbolos de lo que nos une y de lo que, pese a todo, aún podemos alcanzar.
Hoy estamos a 90 minutos. Noventa minutos de historia, de redención, de ilusión. Y pase lo que pase, algo ya ha cambiado: por un momento, creímos. Y en un país donde nada suele ser fácil, eso ya es una victoria.
Así es el fútbol. Así somos los bolivianos.
