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'El escudo de las Américas': la cumbre del vasallaje latinoamericano

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09.03.2026

“Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, decía Franklin D. Roosevelt a propósito del dictador Anastasio Somoza en Nicaragua. Con esta frase, Roosevelt reconocía la corrupción y la violencia de la dinastía somocista como características necesarias de los regímenes títeres de los Estados Unidos.

Casi un siglo después, esta lógica permanece intacta.

Hoy, los “hijos de puta” de turno se reúnen en Miami para recibir instrucciones de Donald Trump y aplicar su doctrina “Donroe”, una reinterpretación de la Doctrina Monroe. El lema ya no es “América para los americanos”; ahora es América para una élite, asidua visitante de la isla de Jeffrey Epstein.

Personajes como Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador y Rodrigo Paz de Bolivia, entre otros mandatarios, se ponen a disposición de su amo en el norte para aplicar un ajuste cruel sobre la economía regional y garantizar recursos naturales para las guerras de Trump.

Las similitudes entre estos personajes son claras, además, de la falta de autoestima, una fragilísima masculinidad y el desconocimiento total de lo que la dignidad significa. También tienen en común los escándalos de corrupción, el empobrecimiento de sus países mientras se enriquece a sí mismos y los vínculos con el narcotráfico. Por ello conviene revisar el prontuario de quienes componen este séquito de “aliados”, por no decir sirvientes de Donald.

Javier Milei, con su modelo económico del “todo vale”, en apenas dos años —2023 a 2025— eliminó trece ministerios, dejando a 61 mil personas en desempleo (Infobae, 2026).Además, se perdieron casi 300 mil puestos de trabajo productivos y cerraron 22 mil empresas, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA, 2025). En estas condiciones no hay trabajo, no hay consumo interno y no hay plata para el argentino o la argentina de a pie; sin embargo, Milei y su hermana se enriquecen,  los escándalos de corrupción han sido constantes. El caso más cruel el de la Agencia Nacional de Discapacidad —mientras madres veían cómo sus hijos e hijas no podían atenderse— los Milei reclamaban coimas a eso se suma la criptoestafa, que afectó a miles de personas, la represión a jubilados, la devastación de la Patagonia y la reforma laboral que deja en condiciones de semiesclavitud a los trabajadores argentinos son ejemplos del poder destructivo de su modelo.

Por su parte, Daniel Noboa se presenta como el alumno aventajado de Donald Trump en la supuesta lucha contra el narcotráfico con su plan Fénix, mientras su empresa familiar Noboa Trading Co. Es señalada por la Organized Crime and Corruption Reporting Project (2025) por enviar cocaína hacia los Balcanes en sus conteiner de banano. Incluso The New York Times (2025) ha descrito a el Ecuador como una autopista de libre tránsito de cocaína. Con Noboa Ecuador es más violento con cerca de 15 mil muertes violentas,  desapariciones forzadas, niños criminalizados, persecución a defensores de derechos humanos y a partidos opositores. Además, de la extrema violencia y represión militar a comunidades indígenas en el contexto del paro nacional de 2025.

Todo esto ocurre en medio de recortes al Estado —cinco mil despidos de funcionarios públicos y el cierre de seis ministerios—, caída en la inversión social. Medidas orientadas a satisfacer las exigencias del Fondo Monetario Internacional y destruir la vida de los y las ecuatorianas más vulnerables.

En cuanto a Nayib Bukele, en El Salvador —el dictador con mejor marketing de la región—, desde 2022 puso a su país bajo un régimen de excepción permanente, que ha suspendido garantías constitucionales y permitido detenciones masivas en nombre de la lucha contra las pandillas. Se denuncia que al menos 87 mil personas han sido detenidas y encarceladas sin cargos; se ha detenido a opositores, defensores de derechos humanos y periodistas; y sus cárceles han sido utilizadas como campos de concentración para migrantes. En 2024, mediante la manipulación de la Constitución, logró la reelección consecutiva —prohibida previamente— y, para 2025, la cámara legislativa bajo su control realizó nuevas modificaciones ampliando el período presidencial a seis años y aprobando la reelección indefinida.

Rodrigo Paz —el nuevo peón trumpista—, pone nuevamente a Bolivia bajo la lógica del vasallaje, con el reingreso de la Drug Enforcement Administration (DEA), junto a otras siete organizaciones de control; el restablecimiento de relaciones con Israel —un Estado genocida—; y la aplicación de ajustes económicos con la eliminación de 587 cargos en ministerios y el reciente despido de 410 funcionarios de YPFB. Además, ya ha intentado sofocar a la clase trabajadora con el fallido DS 5503, la evidente corrupción en la compra de combustible y el favorecimiento impositivo para la élite aliada.

Es evidente que ninguno de estos sirvientes brilla por su creatividad. Sabotean el Estado eliminando ministerios para luego privatizar servicios y derechos humanos básicos, como la salud y la educación, mientras dicen luchar contra el narcotráfico, tienen fuertes nexos. Frente a la resistencia de la población, la respuesta es la violencia extrema y la criminalización de la protesta. Frente a su propia corrupción, tienen a su servicio al poder judicial y a los medios de comunicación que encubren. No importa cuántos abusos cometan, cuánto repriman o asesinen: son inmunes a la crítica. Son justo la calaña de sirvientes que Donald quiere.

Los medios de comunicación nacionales han repetido al pie de la letra la retórica de la Casa Blanca, argumentando que es necesario el “escudo de las Américas” y calificando de honorífica la participación de Bolivia en esta cumbre. Merece la pena preguntarse: ¿realmente es un honor recibir órdenes de un pedófilo comprobado como Donald Trump? ¿Realmente es un honor codearse con una clase política que en menos de cinco años ha devastado la vida en sus respectivos países?

Estos vasallos volverán a sus países orgullosos de haber estrechado las manos con Trump, con discursos prefabricados y poco elocuentes sobre prosperidad, libertad, democracia, seguridad y lucha contra el narcotráfico y el terrorismo que, en la práctica, se traducen en autoritarismo, incremento de la violencia y precarización de la vida, arrastrando a Latinoamérica a una guerra injustificable que tendrá consecuencias para nosotros.

Estos vasallos harán lo que sea necesario para aplicar el plan de Trump. No importará cuánto repriman, cuánto destruyan y cuán autoritarios se tornen: solo recibirán elogios de la Casa Blanca y de la prensa. No serán llamados dictadores ni sus gobiernos tachados de regímenes. Pero, tal como le ocurrió a Somoza cuando el pueblo estuvo harto y asqueado, les pedirán cuentas. Tendrán helicópteros listos para huir a Miami, porque, como dijo Nilo Soruco: “Nunca el mal duró cien años ni hubo pueblo que resista”; y hasta el peor hijo de puta cae.

Amanda Camila Frías Nogales es socióloga política, docente e investigadora.


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