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El riesgo de “perder el alma” con la IA

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09.03.2026

Analicemos que hay detrás de la tecnología que hoy nos deslumbra: la Inteligencia Artificial Generativa. Muchos hemos pasado de usar herramientas para gestionar datos a permitir que sistemas automatizados gestionen nuestras decisiones. Es lo que algunos llaman "el servicio como software": ya no buscamos la herramienta para hacer el trabajo, sino que compramos el resultado terminado, delegando en el camino nuestra capacidad de elegir.

El dato se ha vuelto el nuevo petróleo; nuestras emociones, antes íntimas, son hoy el motor de un mercado que nos conoce mejor que nosotros mismos. Creemos que tomamos decisiones autónomas como seres racionales, pero muchos estudios nos demuestran que, ante la pantalla, respondemos con la impulsividad de quien busca gratificación inmediata.

Los algoritmos han aprendido a "fingir" empatía y a construir relatos que nos atrapan, vaciando el contenido real para dejarnos solo el anzuelo emocional. Es decir, la IA toma decisiones por nosotros cuando acudimos a ella; y, de paso, nos ilusiona pensando que elegimos frente a opciones políticas, comerciales, estéticas y hasta sentimentales cuando se manipula el alcance de nuestra mirada de forma calculada fríamente.

Frente a este riesgo de pérdida de nuestra “alma” surge la trascendencia como respuesta humana a la máquina que maquina. Trascender no es escapar del mundo digital, sino habitarlo sin ser absorbidos por él. Es el acto valiente de producir sentido allí donde la herramienta solo ofrece predicciones: ese gesto de cuidado inesperado, esa chispa de creatividad, esa epifanía mental o ese compromiso ético que no figura en ninguna línea de programación. Es, en definitiva, la resistencia de las relaciones verdaderas frente a la transacción técnica.

El Papa León XIV nos aconsejó "No dejen que el algoritmo escriba su historia. Utilicen la tecnología, pero no dejen que la tecnología les utilice a ustedes".

Esta premisa nos invita a ser artesanos de paz en un continente de datos. La trascendencia debe traducirse en caridad, entendida como la mirada que reconoce al prójimo como un "tú" y no como una estadística de consumo.

No somos una suma de datos; somos seres en relación, llamados a imponer la gramática del corazón sobre la frialdad del cálculo.

Alfonso Alarcón Luján

Docente tiempo completo UCB


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