Escuela, a pesar de todo
Mi hija despertó en la madrugada y se quedó inventando historias con su mamá hasta la hora de vestir el uniforme. En ese sentido, parece que no ha pasado el tiempo. Ellos, como fuimos nosotros, llevan el paso en el camino a la escuela, hablan a gritos y llegan con los ojos muy abiertos. Saludan a sus amiguitos, se cuentan las grandes aventuras de sus vacaciones. En lo que a ellos respecta, la emoción del primer día de clases no ha cambiado mucho.
Entran al patio con ese rostro de expectativa y sorpresa, y allí sigue Martí pintado de blanco mirando de frente a los estudiantes.
El himno se canta atropellado, como siempre; y los niños más pequeños han olvidado con qué mano se saluda a la bandera, pero saludan igual, y se ríen unos de los otros mientras, poco a poco, se acostumbran de nuevo a los rituales que dejaron atrás hace más de dos meses.
No es una bienvenida como antes. El........
