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La caja de Pandora… Posdata sobre la economía cubana y sus debates

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31.07.2026

Sin tener que recurrir a citas de autores famosos que lo avalen, permítanme partir de una noción elemental: cualquier cambio económico significativo ya es un cambio político. 

No solo porque la economía no es una habitación separada —salvo para los economistas tecnócratas—, sino porque la manera en que la sociedad procesa esos cambios y reacciona frente a ellos se manifiesta en actitudes políticas que marcan el consenso efectivo aquí y ahora. Consenso heterogéneo y contradictorio que afecta la receptividad, eficacia y también los costos de las reformas, sobre todo cuando las medidas son tardías. 

El grado de apoyo o de no oposición a esos cambios influye también, en última instancia, en la velocidad y rectitud de su implementación. Que se hagan ya y se hagan bien reduce el riesgo de que se extravíen o se degraden, a manos de una burocracia tendiente a la inercia y a no ceder su cuota de poder, por razones obvias. 

La experiencia muestra que la propia cautela “sin pausa, pero sin prisa” ha tenido antes un efecto ralentizador. Esto facilita la gestación de un frente opositor formado por los “realistas desengañados”, en auge hoy gracias al descreimiento fomentado por el acumulado de políticas ineficaces, y a la decepción de los “custodios del socialismo verdadero”, que ya no se limitan a aceptarlos a regañadientes, sino que se dedican a levantar cargos de traición a los ideales. 

La transformación del modelo cubano frente a las alas de Ícaro

La transformación del modelo cubano frente a las alas de Ícaro

Para evitar que alguien coja el rábano por las hojas con lo que estoy argumentando, aclaro que no se trata de aplaudir en vez de debatir críticamente. Digo que ignorar esas medidas o reaccionar ante ellas, antes de que se pongan en práctica, declarándolas de entrada nefastas y contraproducentes, cuando no contrarias al interés del pueblo, es algo diferente a evaluarlas en su alcance, integridad, parcialidad, riesgos, y a recomendarles correcciones y adiciones. 

Analizarlas en su formulación y contenido está bien y así debe ser, especialmente desde las ciencias sociales. Pero adelantarse a juzgar efectos que dependen de su implementación y aplicación reales parece soslayar que la política es lo que se hace. Sobre todo si se limita a pronosticar impactos negativos, en el contexto profundamente alterado de una crisis tan policrítica como la actual, donde cualquier alivio es un paso de avance. Y aunque se justifique el recelo ante esa entidad llamada “el gobierno”, a la que se considera incapaz de aplicarlas como se debe. 

Ignorar las políticas que promueve este gobierno, y que son debatidas públicamente, incluye a veces ignorar también a quienes las han propuesto durante los últimos 35 años, poniéndolas por escrito y publicándolas. Especialmente cuando el análisis de “los problemas de la economía” abarca no solo el círculo gremial de los economistas y la reflexión crítica y rigurosa de un comité ilustrado, sino discusiones múltiples con la puerta abierta. 

Mi modesta experiencia en ese terreno, como algunos lectores saben, consiste en organizar un espacio de debate público que cumple 25 años en febrero próximo —Último Jueves—, donde han participado investigadores, practicantes, funcionarios, activistas, artistas, religiosos, líderes comunitarios, cubanos y no cubanos, residentes en Cuba y en el extranjero, y se han abordado temas de carácter económico, social y político, caracterizados por reunir puntos de vista siempre diferentes, algunos muy críticos. 

Al final de este artículo voy a listar una selección de los debates más recientes (desde 2023) que, aunque........

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