Entre el encanto y la incomodidad, la IA
Me encanta la IA, a pesar de la incertidumbre que provoca saber que puede llegar a volverse autónoma, como ocurrió hace unos días, cuando un modelo de OpenAI asaltó una plataforma sin haber recibido la orden. La debilidad humana frente al poderío que anuncia su propio artilugio se está dejando ver. Y hay señales de que no estamos preparados para el caos que pueden provocar las inteligencias artificiales sin control. No obstante, a nivel más doméstico, mirando el asunto en pequeña escala, me entusiasman mucho sus promesas.
Por ejemplo, para no ir más lejos, me parece un gran logro que muchas más personas en el mundo, hablantes de todos los idiomas, puedan, interactuando con la IA, resolver el terror que provoca el papel en blanco en el momento de tratar de escribir “algo”, de elaborar mensajes escritos o visuales. Y que seamos capaces de hacerlo expresando ideas correctamente, con buena sintaxis y cierto nivel de complejidad, como celebra el escritor español Juan José Millás.
Que se democratice aún más la lectoescritura es ganancia: Gutenberg al infinito.
Personas que hasta que llegó la IA no se atrevían a dar en público sus opiniones, hoy redactan largas disquisiciones. Gente que no lograba matizar criterios, demostrar tesis, distinguir entre causas y consecuencias, gestionar con solvencia datos y referencias múltiples, ahora se lanza al ruedo y contribuye a las conversaciones, sobre todo las que........
