Sobre María Elena Llana, cuyo nombre se valora para el Cervantes
La noticia sobre la nominación de la escritora cubana María Elena Llana al Premio Cervantes es, en sentido general, estimulante para la literatura cubana, cuya crítica siempre suele mostrarse dividida, como debe ser (o más de lo que debe ser), y cuya infraestructura anda tambaleante como la caldera de la Guiteras.
Por esta carestía, probablemente, no pueda respaldar editorialmente con nuevas y bellas ediciones una nominación hecha, por cierto, desde México, país que parece haber tomado muy en serio la idea de empujar los emblemas de la isla, ya que la isla misma anda parapléjica desde hace tanto.
En cuanto a la nominación, leí que se debe a la doctora Alejandra Giovanna Amatto Cuña, quien, por lo que se lee en la web del Colegio de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde Amatto es profesora titular, tiene una amplia obra en busca de lo fantástico en la literatura, aspecto por el que se ha destacado la escritora cubana, que ya ganó el Premio Nacional de Literatura tres años atrás.
Sin más afán que el de recurrir a ciertos fragmentos de algunas conversaciones; sobre todo, una que tuvimos María Elena Llana y yo hace ya unos buenos 19 años, quiero recordar otros aspectos de la obra narrativa de esta mujer, nacida en Cienfuegos en 1936.
Además de su magnífico manejo de lo fantástico, la interpretación que Llana hace del mundo aflora con los fertilizantes de las artes plásticas y el periodismo, siempre........
