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Los Rembrandt del Hermitage, de Fina García Marruz

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30.03.2026

Siempre ha existido una estrecha relación entre todas las artes. Cuando nacen de una genuina necesidad de expresar algo, todas nos conmueven, nos emocionan y nos acompañan. En todas deben estar presentes la belleza, la creación y el compromiso con la verdad; es decir, la poesía.

En este texto hablaré de la relación entre la literatura y la pintura. El poeta griego Simónides de Ceos (nacido en el año 556 a. C.) dijo: “La pintura es una poesía muda; y la poesía es una pintura que habla”, una definición que me parece muy acertada.

Existen numerosos ejemplos de novelas y poemas ilustrados por dibujantes y grandes pintores. Entre ellos, Hablot Knight Browne, más conocido por su seudónimo “Phiz”, dibujante y grabador que ilustró varias novelas de Charles Dickens; John Tenniel, autor de las célebres ilustraciones de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas; Ernest H. Shepard, creador de los tiernos dibujos de Winnie the Pooh y The House at Pooh Corner; o Gustave Doré, gran pintor y escultor francés que ilustró La Divina Comedia y Don Quijote. Y así, muchísimos más.

Pero también ocurre a la inversa: la “ilustración” con palabras de cuadros, grabados o esculturas. En Cuba, varios escritores dedicaron poemas a obras plásticas. Julián del Casal, gran admirador del pintor francés Gustave Moreau, escribió varios poemas inspirados en sus cuadros. José Martí, por su parte, dejó en uno de sus Versos sencillos (No. XXI), después de contemplar un cuadro en una exposición de “los pintores de ayer”, estos versos: “Sentada en el suelo rudo/está en el lienzo: dormido/al pie, el esposo rendido:/al seno, el niño desnudo”.

Mi padre, Eliseo Diego, también escribió varios poemas dedicados a cuadros o........

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