El pesado fardo de la frase “un mal necesario”
La transformación, reforma, actualización de la economía cubana se inició desde finales de los ochenta del siglo pasado. En aquella época, Cuba reconoció la necesidad de la inversión extranjera y esta acompañó al Período Especial. También se admitió la expansión del “sector privado”, constreñido en aquellos momentos a los trabajadores por cuenta propia; las representaciones comerciales de empresas extranjeras y los inversionistas foráneos y los campesinos individuales que a estos efectos no añadían nada nuevo; la legalización del dólar y su circulación; la aparición de las tiendas de recaudación de divisas, de hoteles y autos de renta solo para extranjeros…
Ese largo, complejo y doloroso proceso, desde sus inicios, arrastró el pesado fardo de esa expresión: “un mal necesario”. Esas tres palabras se tradujeron en acciones concretas, frases dentro de un discurso, consignas, medidas y acciones de control, decisiones de política dirigidas a que todo el mundo entendiera que todo eso que parecía distante de lo que fuimos era una “anormalidad”. Lo más rápido posible se “rectificaría” y se regresaría a la “normalidad”.
Eso suponía regresar a aquel modelo construido sobre la singularidad de un tipo de relaciones internas y externas, donde un Estado “proveedor” y omnipresente se podía ocupar de todo, o de casi todo, y donde la responsabilidad individual sobre la economía de las familias era la menor de las........
