Ricardo Gil Otaiza: Su compañera la sombra
Opinión.- Vivía muy atenta a su sombra, y, como desde niña no tenía hermanos ni una amiga con quien compartir ni jugar, se acostumbró a tenerla como su aliada ya considerarla —no ya como el resultado del hilo de luz que al chocar contra su cuerpo y al no poder atravesarlo generaba aquella maravilla (que disparaba su imaginación desde entonces, y lo seguía haciendo en su ancianidad) —, sino como la genuina representación de su otro yo y se hacía la ilusión de que imagen aquella fantasmal proyectada en el suelo o en la pared, que la acompañaba del lado derecho o del izquierdo, de frente o detrás (dependiendo de la hora del día o de la noche), conversaba con ella o se alegraba o se entristecía con sus historias, o se compungía al verla alicaída y abatida, o caminaba o correteaba con ella, o la saludaba y le decía adiós, y hasta se empapaba con la lluvia.
Mientras que para el resto de las personas la sombra no resultaba nada significativo ni esencial —es más: les era indiferente—, para Dolores no era un tema baladí que se pudiera sortear entre gestos de indiferencia y hasta de burla, sino un eje de su vida, una marca indeleble en su ya larga existencia, y esto lo sabían a quiénes la trataban, por lo que evitaban llevarle la contraria, refutarla y hacer mofa de su profunda convicción (paréntesis: sí, convicción, y esto digo porque Dolores se dio a la tarea de adentrarse en el campo de la física y la filosofía, en un intento por darle a su noción y creencia una coraza de verdad, y no solo se........
