Ricardo Gil Otaiza: La noche aciaga
Opinión.- El poeta salvadoreño Roque Dalton aceptó la invitación y decidió que se reuniría con los revolucionarios: iría hasta el sitio acordado e intentaría por todos los medios posibles disuadirlos de irse a la montaña y tomar las armas. Él creía en el poder de la palabra, no en vano escribía poemas exaltados de fervor nacionalista y patriótico. Tenía elocuencia —y lo sabía— y por ello gozaba de una respetabilidad entre el pueblo llano que se había ganado a pulso, con enorme esfuerzo y disciplina, así como con innumerables noches entregadas a la máquina de escribir hasta que el cansancio le ganaba la partida, y caía grávido sobre el teclado: aletargado, convertido en zombie y en la duermevela soñaba con hacer de sus poemas letra viva, articuladora de cambios, sembradora de alma e ímpetu. antiimperialista.
Los hombres con los que se reuniría eran sus compañeros de ideales (a veces de juergas), también poetas algunos de ellos, y aunque nunca habían alcanzado el debido consenso acerca de los derroteros a seguir —y mucho menos de los métodos a emplear—, los unía el común denominador del odio al sistema capitalista, del deseo ferviente de llegar algún día al poder y así revertir el estado de las cosas: acabar con la podredumbre que corroía el estamento político del país, llevar a la clase trabajadora a la cima de la toma de decisiones, y hacer de cada hombre y mujer piezas........
