¿En qué momento escuchar pasó a ser una amenaza para la serenidad individual?
Opinión.- Me inquieta la creciente popularidad de ciertas lecturas que, en nombre del autocuidado y la salud emocional, promueven una disolución progresiva del vínculo humano. Son discursos que invitan a centrarse en el propio bienestar incluso cuando el precio es cerrar canales de comunicación, reducir la implicación con los demás y convertir la distancia emocional en una virtud. La promesa es atractiva: menos conflicto, menos desgaste, más paz. Pero conviene preguntarse a qué precio.
Desentenderse de las emociones ajenas tiene sentido —y es necesario— cuando somos víctimas del chantaje emocional. En esos casos, poner límites es una forma legítima de protección. El problema aparece cuando esta lógica se generaliza y se convierte en una pauta vital: ignorar los sentimientos de quienes nos rodean, estén bien o mal expresados, no es defenderse: es insensibilidad, especialmente cuando son una reacción........
