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La densidad política tarijeña: campañas entre utopía, retrotopía y el proyecto de Estado.

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26.03.2026

Resulta imperativo reconocer a Tarija como la región boliviana que asumió con mayor rigor cívico y estratégico las recientes elecciones subnacionales. En la disputa por la gobernación, figuraron perfiles de peso histórico como Adrián Oliva (por la Alianza Patria de Rodrigo Paz) frente a Mario Cossío; ambos exgobernadores y actores activos en el último cuarto de siglo de la política nacional. Hablamos de trayectorias de grueso calibre: Oliva, viceministro de planificación a sus 25 años; y Cossío, el primer prefecto electo, diputado nacional y perseguido político por el MAS, reconocido como uno de los impulsores de la autonomía regional, aunque también marcado por denuncias de corrupción. 

En el ámbito municipal, la contienda mantuvo esta envergadura. Por un lado, una figura consolidada como Johnny Torres, con un historial de triunfos electorales ininterrumpidos en Tarija; y por el otro, Luciana Campero, asumiendo el rol de la outsider radical con la promesa de desmantelar la tradicional "rosca" (esa élite o casta política largamente conformada). A este tablero se sumaba otro perfil de alto impacto, el exministro de hidrocarburos y exrefugiado político "Ojo Rico" Zamora, quien finalmente fue inhabilitado. Se trató de candidatos con trayectoria, defendiendo proyectos coherentes y ejecutando campañas de auténtica seriedad. En suma, desde este valle de medio millón de habitantes, donde se destaca culturalmente, deportivamente con los futbolistas que hay en la selección actual, con el debate sobre Tariquia, sobre los recursos, etc. se proyecta un movimiento y una conciencia política exigente no apta para lentos. 

Este escenario contrasta drásticamente con el panorama en el resto del país, donde primaron los discursos repetitivos. En Santa Cruz, las campañas lucieron sumamente arraigadas en sus conflictos internos y regionales, carentes de un proyecto nacional. En La Paz y El Alto, dominó el sensacionalismo: candidaturas carentes de seriedad, postulantes reducidos al espectáculo más trillado, promesas de mayor infraestructura para una urbe ya sobreconstruida y una proliferación de frentes sin razón de ser. Cochabamba, por su parte, representó la inercia total, con ganadores y hegemonías predefinidas mucho antes de la campaña, y por eso ni la campaña fue fuerte. En Tarija, por el contrario, la contienda se concentró en a lo mucho ocho candidatos, de los cuales tres superaron la barrera del 10%. Hubo confrontación fuerte, mediatica y sucia entre los que lideraban ambas elecciones  Fue un proceso donde se atestiguó coherencia, cálculo político e intuición. 

¿Qué explica esta densidad política que permite el surgimiento de perfiles distintos en Tarija? Más allá de las tradicionales reparticiones de poder y los privilegios de redes familiares —que indudablemente existen—, la región opera como una auténtica forja de líderes y agentes políticos. No es casualidad que Rodrigo Paz se haya proyectado como presidenciable en la arena nacional; su "futuro manifiesto" fue moldeado netamente por la praxis política tarijeña. Esto me quedó en claro cuando escuché el debate de segunda vuelta por la presidencia, cuando debatió de igual a igual frente a Tuto Quiroga, un tipo formado en Estados Unidos y poseedor de una de las mejores labias que están en el escenario. Paz se curtió en el revuelo de la Plaza Luis de Fuentes y en la intensa disputa regional, una matriz de formación que comparten los demás candidatos que se postularon. 

Tanta es la densidad del ambiente político, que se vuelve indispensable analizarlo, al menos, para entrar a sus honduras y manifestar por escrito reflexiones oportunas (ante tanta inmediatez y opinología. Dentro de lo que representó cada frente en Tarija, destaca en abstracto el contraste entre las campañas de Mario Cossío y Adrián Oliva, configurando un choque conceptual: Retrotopía versus Utopía. Para entender este fenómeno, es vital recurrir al sociólogo Zygmunt Bauman y su concepto de "Retrotopía". Bauman postula que, cuando el futuro se torna incierto o desesperanzador, las sociedades abandonan la idea de construir un mañana superador y buscan refugio en la nostalgia de un pasado idealizado. Cossío aglutinó apoyo precisamente por encarnar ese pasado: la época dorada del proceso autonómico y la nacionalización del IDH, donde Tarija tuvo un protagonismo clave. En el departamento se vivió gloriosamente esa etapa, y eso es exactamente lo que proyecta un liderazgo como el de Cossío; por ende, es un líder retrópico que ofrece refugio en lo que ya fue. Frente a la duda de si esto es mera ilusión sentimental que evade la construcción de un horizonte real, emergió la contraparte de Adrián Oliva, apostando por la clásica "Utopía". Su propuesta planteaba una Tarija proyectada hacia adelante: renovada, próspera y redimida del olvido. Fue el debate perfecto entre la promesa de regresar al ayer y el desafío de conquistar el mañana. 

Al trasladar este análisis al plano nacional, la concepción de Bolivia en Rodrigo Paz se pueda adaptar a la hegeliana del Estado. En su discurso, él afirma únicamente las ideas de "Bolivia" y "Patria", eludiendo las dicotomías de nación o antinación, y de república o Estado plurinacional. Esta postura sintetiza un siglo de debate sobre los nacionalismos en Bolivia. En la filosofía de Hegel, el Estado no es un simple contrato o un aparato administrativo; es la realidad de la idea ética, el espacio universal donde se concreta la libertad por encima de los intereses particulares. Paz invoca a Bolivia como una "Patria generosa" que no abandona, asumiendo esa totalidad ética, que nos une, en una interpretación simple y negativa al anterior gobierno del MAS. Bajo esta óptica, el intento del MAS por articular una nueva idea de Estado resulta en un fracaso hegeliano: al insistir en lo "plurinacional" o en la revolución india, revolución decolonial, fragmentaron la universalidad del Estado, devolviéndolo a las particularidades, las pugnas corporativas y la división. 

Finalmente, el problema estructural de Santa Cruz y La Paz radica en una carencia similar: la falta de rigor para proyectar lo político en un plano que integre genuinamente lo regional con lo nacional. Como lo evidenció certeramente el candidato Otto Ritter en una entrevista con Jimena Antelo, existe una incapacidad manifiesta en Santa Cruz para explicar y articular su visión hacia el exterior. Una de las causas fundamentales de esta falencia es que a la clase política contemporánea le hace falta leer, estudiar y formarse. En Tarija paradójicamente el riesgo latente es el mismo. Cosa que no sucede en La Paz. pero ante la falta de lectura y estudio riguroso, la única salvaguarda futura contra la arrogancia de quienes creen merecer el poder por el simple hecho de poseer contactos y redes familiares, será el retorno imprescindible a la formación intelectual. 

El autor es sociólogo


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