Rebelión en el Chapare
Los liderazgos caudillistas no suelen caer por la fuerza de sus adversarios, sino por el desgaste al interior de sus propias bases. La historia política está llena de ejemplos donde el poder, construido sobre la obediencia, termina resquebrajándose cuando esa obediencia es obligada y no consentida. En el Chapare, ese momento parece haber comenzado.
Las recientes declaraciones del dirigente cocalero Elmer Lizarazu no son un hecho aislado ni una simple expresión de cansancio coyuntural. Son, más bien, un síntoma profundo de agotamiento orgánico. Sostener una vigilia permanente de cientos de personas, con costos económicos elevados y consecuencias sociales evidentes, no es políticamente sostenible en el tiempo. Menos aun cuando esa vigilia responde a la protección de un líder que, hoy, no solo está cuestionado, sino también cercado por la justicia.
El dato es revelador: 300 personas al día, 30.000 bolivianos diarios, semanas enteras de movilización obligada. Lo que en algún momento pudo haber sido interpretado como disciplina orgánica o lealtad política, comienza a percibirse ahora como imposición, como desgaste, como abuso. La “dictadura sindical”, como la denominan algunos de sus propios protagonistas, comienza a mostrar fisuras.
En ese contexto, la sugerencia de Lizarazu -buscar un asilo político........
