18/4/1828: Jano y la sustitución de la política por la hipocresía
La política “es el arte de afrontar o bien rehuir los problemas sociales, vale decir los problemas que exceden las dificultades puramente personales” (Bunge, M.; “Filosofía Política, Solidaridad, Cooperación y Democracia Integral”; 2013) y puede ser “constructiva, destructiva o estéril; y puede ser ambiciosa, mezquina o mediocre” (ídem). El empleo del poder público para la resolución de los propios problemas personales (v.g. pobreza, ignorancia, complejo psicosocial, etc.), mediante la expresión de un pensamiento contrario al que en realidad se tiene, es hipocresía pero no política. Al respecto, vale la pena exponer que la civilización romana utilizó el sustantivo “Jano” para significar un dios de su mitología que indicó el principio o entrada de algo, razón por la cual se lo representó con una imagen de “dos caras”. Sobre esta figura, posteriormente, se aplicó la palabra Jano como sinónimo del adjetivo dual/hipócrita. Determinemos en qué momento se sustituyó la política por la hipocresía en el ámbito nacional.
Cuando el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá (Sucre) asumió la presidencia de la naciente Bolivia tropezó con el problema de la escasez de personas capaces, diligentes, honestas y verdaderamente interesadas en el servicio público para administrarla, dificultad -por cierto- irresuelta hasta nuestros días. Sin embargo, esa realidad nunca disminuyó su fe en la independencia de Bolivia que con cariño denominó “la obra de mi creación” (“Último Mensaje del General Sucre”; Chuquisaca, 2/8/1828; Archivo de la Casa de la Libertad -A.C.L.-), remarcando que “por lo que hace a Bolivia, ella no perderá su independencia, pues ya los habitantes la defenderán a todo trance”. En aquella realidad, para organizar Bolivia, se rodeó de los mejores hombres americanos y europeos que tuvo a su disposición, por ejemplo, José Miguel Lanza, Facundo Infante Chávez, el coronel Agustín Jeraldino, Juan de Bernabé y Madero, el coronel Francisco Burdett O’Connor, el coronel Joseph León Galindo Camacho (Galindo) y el coronel Francisco López de Quiroga y Campoverde (López de Quiroga y Campoverde), entre otros. No faltó quien lo criticara por preferir extranjeros a los nacionales, ignorando que tan solo dos años antes, inclusive los críticos, no eran bolivianos sino españoles.
Sucre designó prefecto y comandante de Potosí al coronel Galindo, militar correcto y de grandes condiciones de administrador para posibilitar la pronta recuperación económica de la República de Bolivia a partir de su potencial minero.
El coronel López de Quiroga y Campoverde fue gobernador de Chuquisaca desde el 22/2/1825 hasta fines de marzo en que fue relevado por el coronel Carlos María de Ortega (Ortega). Seguidamente, fue nombrado prefecto de Cochabamba desde el 1/7/1826 hasta el 24/12/1827. Después, el 24/12/1827, López de Quiroga y Campoverde fue trasladado en calidad de prefecto a Potosí. En 1828 fue prefecto de La Paz donde, inclusive, recibió el juramento de José Andrés de Santa Cruz y Calahumana (Santa Cruz) como presidente de Bolivia en la Iglesia San Francisco. Posteriormente, retomó el cargo de prefecto de Potosí a pesar de sus diferencias administrativas con Santa Cruz. En 1838, durante la autocracia de Santa Cruz, sería aprehendido sin fundamento y asesinado mediante envenenamiento en la cárcel de Oruro. Sobre López de Quiroga y Campoverde, Díaz Arguedas expresa que “Declarada la independencia del Alto Perú, el coronel [Francisco] López de Quiroga [y Campoverde] ocupó altos puestos políticos y militares, fue de los más valerosos jefes que, con la lealtad del militar honrado y caballeroso supo defender al Gran Mariscal de la intriga, de la calumnia y del crimen” (“Los generales de Bolivia, rasgos biográficos 1825-1925”; 1929).
En la carta de 27/5/1826 Sucre le informó al Libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco (Libertador Bolívar) que “Galindo está de prefecto interino en Potosí; no hay a quien poner en su lugar, porque todos los hombres que valen están en el congreso. El general Fernández está de prefecto en La Paz, y creo que goza de muy buena opinión. El coronel López [de Quiroga y Campoverde] ha ido de prefecto a Cochabamba” (Lecuna, V.; “Documentos Referentes a la Creación de Bolivia”; 1924, p. 171-178).
Con este equipo Sucre organizó y puso en funcionamiento la administración pública ejecutiva, con sus servicios de economía, educación, salud, seguridad y proyección de puertos en el territorio nacional.
Respecto al breve gobierno del Gran Mariscal de Ayacucho hasta el 18/4/1828 Mallo describe que “giró la República en marcha ascendente i feliz; iba de esperanza en esperanza cada día con el más bello aspecto; pero Dios, que no quiere muchas veces dejar expedito el camino de la fortuna á sus favorecidos; resolvió que este día funesto 18 de abril, fuese el triste término de esa era de halagüeña unidad nacional, de tantas conquistas, lisonjera expectativa. Cuando todas las clases de la sociedad se conservaban en armonía, hubo la maquinación secreta de una facción que aunque de corto número, trabajó en tinieblas; i consiguió adormecer la vigilancia ordinaria del Cuartel de un Escuadrón ‘Granaderos Montados’ que hacia la guarnición de la Capital. Apareció ahí, un actor de fisonomía exótica, i siniestra, de apellido Cainzo, argentino, como nacido del centro de la tierra, desconocido para todos. En la noche de víspera de ese día había conseguido penetrar en el Cuartel, conducido a ocultas por el Músico mayor denominado Victorio; boliviano de los emigrados a las Provincias Argentinas i dos Sargentos peruanos de la misma tropa, anticipadamente seducidos” (“Historia de la fundación de Bolivia i lo que fue para ella la administración Sucre”; 1871).
¿Qué antecedió al hecho del 18/4/1828? De la correspondencia del Gran Mariscal de Ayacucho con Galindo se sabe que antes de que su gobierno cumpliera cuatro meses ya existían informes sobre atentados contra la estabilidad política interna de Bolivia. Sin embargo, Sucre se limitó a dar instrucciones de investigación y, de ser ciertos, desmantelamiento cuidadoso para evitar cualquier movimiento militar de carácter irregular.
Los movimientos desestabilizadores se incrementaron después de que la Constitución fue sancionada por el Congreso de la República el 6/11/1826 y promulgada el 19/11/1826.
Uno de los conspiradores, Santa Cruz, desde el Perú señaló que “La Constitución para Bolivia no fue recibida por una libre voluntad” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020). Por esta opinión irrespetuosa para con la soberanía boliviana, el presidente Sucre sufrió una gran decepción de Andrés de Santa Cruz y en su correspondencia con el Libertador Bolívar le manifestó que “Dicen que el General Santa Cruz se ha metido de bruces en la revolución” (ídem).
Otro de los conspiradores, el Dr. José Joaquín Casimiro Olañeta y Güemes (Olañeta), afanoso mediante estímulos falaces y nacionalistas predispuso parte de la ciudadanía contra el gobierno de Sucre mientras paradójicamente coordinó con Agustín Gamarra Messía (Gamarra), Pedro Blanco Soto (Blanco) y Santa Cruz la invasión peruana de Bolivia. Sobre el punto, Vicuña Mackenna indica que “estaba en Bolivia el doctor Olañeta a la cabeza de los doctores de Chuquisaca para ayudar en su culpable i desatentada empresa (.). Tales........
