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La pulverización de la COB

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03.01.2026

Disfruté el enorme privilegio de conocer a los mejores dirigentes sindicales de la historia de Bolivia: Simón Reyes, Víctor López, Oscar Salas, Irineo Pimentel, Genaro Flores, Domitila de Chungara, Alberto Jara, Corsino Pereyra, Filemón Escobar, Víctor Carrasco, René Chacón (entre otros), además de don Juan Lechín, por supuesto, con quien tuve mayor cercanía. No llegué a conocer a César Lora ni a Federico Escobar, porque murieron demasiado pronto, en 1965 y 1966. Ninguno de los dirigentes mencionados se enriqueció en el ejercicio de sus funciones sindicales. Todos ellos vivieron modestamente a lo largo de sus vidas, incluso los que fueron electos diputados, como Oscar, Simón o Filippo. Don Juan Lechín, que fue vicepresidente, embajador y diputado, también murió sin fortuna. Los últimos años vivía en casas de amigos que lo acogieron.

En otros textos he contado cómo mi padre daba clases de economía y geografía a los dirigentes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), cuando en 1967 lo metieron preso con todos ellos en el Panóptico de San Pedro, durante el régimen autoritario de René Barrientos. Conservo como testimonio y con inmenso cariño las fotos que tomé dentro del Panóptico con una pequeña cámara Minox que introduje subrepticiamente. 

A Domitila de Chungara la filmé varias veces para diferentes proyectos documentales, además de recibirla en mi casa en París cuando ambos estábamos en el exilio durante la dictadura de Banzer. A Juan Lechín, Simón Reyes, Alberto Jara, Genaro Flores y otros dirigentes los grabé y fotografié en ocasiones diferentes y los consideraba amigos de confianza. Como joven periodista de El Nacional y del semanario Aquí, solía frecuentar la Federación de Mineros en el Prado de La Paz, el famoso arbolito donde “lechineaba” don Juan y las precarias oficinas de la COB que fueron asaltadas el 17 de julio de 1980, el día del sangriento golpe militar de Luis García Meza, donde hirieron de muerte a Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega.

La Central Obrera Boliviana (COB), la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), eran organizaciones de gloriosa trayectoria, admiradas no solamente en Bolivia sino en toda América Latina por su unidad, su fuerza y su integridad insobornable. Los dirigentes mineros, más allá de ser comunistas, movimientistas, marxistas leninistas, trotskistas o prinistas, eran por encima de todo dirigentes sindicales que se debían a sus bases. Eso los hacía aún más respetables.

Pues bien, de esas gloriosas y ejemplares organizaciones sindicales ya no queda nada, ni las cenizas. 

Corrupción y privilegios

Lo que hay ahora es privilegios adquiridos a lo largo de veinte años de gobiernos del MAS por dirigentes que fueron paulatinamente cooptados por el gobierno y corrompidos hasta la médula con prebendas que los convirtieron en seres ávidos de dinero y poder. 

La estrategia de Evo Morales fue maquiavélica (aunque ni el príncipe florentino hubiera sido tan manipulador): quebró la columna dorsal de los mineros, la FSTMB, favoreciendo con prebendas a los cooperativistas (que, como todos sabemos, son propietarios de empresas privadas de explotación de oro y otros minerales), y les dio incluso licencia para matar (como hicieron en 2006 con 12 mineros en Posokoni, Huanuni, y en 2016 con el viceministro Rodolfo Illanes, del propio gobierno de Evo). 

De manera similar, el gobierno de Evo Morales arrodilló a la COB favoreciendo el crecimiento de “movimientos sociales” amorfos (ponchos rojos, interculturales, etc.), sin disciplina sindical ni trayectoria política, que sirvieron a los gobiernos del MAS con sumisión y obediencia a cambio de favores, cargos en los ministerios y grandes cantidades de dinero en sus cuentas personales (como........

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