Juicios al cacique
Es inconcebible que Evo Morales tenga todavía palestras para expresarse, y que sea entrevistado en canales de televisión como un ciudadano que no le debe nada a nadie, cuando en realidad debería estar preso por más de mil motivos. Es insultante para la democracia que todavía disponga de un medio de difusión como Radio Kawsachun Coca, que le pertenece al Estado porque fue adquirida con el dinero de nuestros impuestos, y mantenida durante muchos años por el erario. El gobierno no hace nada al respecto.
Detrás de las marchas, bloqueos y manifestaciones violentas de estas cuatro semanas, está el grupo organizado por el cacique del Chapare, apoyando con logística y con dinero en abundancia: ninguno de los bloqueadores hubiera podido aguantar un mes sin ingresos. Son muy ingenuos los que todavía creen que las marchas y bloqueos son producto de la espontaneidad de las comunidades o de las juntas vecinales. Si así fuera, tienen muy buenos ahorros para sobrevivir.
Las tácticas utilizadas son las mismas que Morales detallaba en aquel video donde ordenó (a un dirigente del Chapare buscado por narcotráfico) cercar las ciudades e impedir que ingresen alimentos. Ese es su manual, es su catecismo, y lo ha estado aplicando al pie de la letra desde que fue marginado del poder a raíz del vergonzoso fraude electoral que orquestó en 2019.
En ese video (que ha sido verificado y certificado como veraz por la Fiscalía de Colombia y otras instancias periciales internacionales), Evo Morales instruye que la táctica es bloquear por oleadas, no todos al mismo tiempo. Por eso hemos visto una coordinación muy clara de quiénes debían crear caos en El Alto, o en Rio Abajo, o en el altiplano, y quiénes debían llegar hasta el centro político con palos y cachorros de dinamita, para atemorizar a la población y para causar destrozos en bienes públicos y privados.
La Policía logró detener a personas que cargaban grandes sumas de dinero para distribuir entre los agitadores, pero luego no supimos qué pasó con los detenidos y con el dinero. Lo que más sorprende es la incapacidad de la misma Policía para seguir el hilo de ese dinero (“Follow the money”, dicen en inglés) y llegar a su origen. Si lograron atrapar a tres o cuatro con semejantes sumas, probablemente otros 30 o 40 pasaron desapercibidos, pues ya sabemos que nuestra Policía no es precisamente el FBI, sino todo lo contrario: lenta y corrupta.
Es claro que la mayoría de los que marchan y bloquean lo siguen haciendo por los 400 Bs o 500 Bs que les pagan diariamente, o por instrucciones verticales de sus dirigentes comunitarios, sindicales o de juntas vecinales, entre los que se filtran agitadores “profesionales”. Los más belicosos, jóvenes con frecuencia enmascarados, ni siquiera pertenecen a organizaciones vecinales o comunitarias, sino que son pagados para promover el vandalismo delincuencial. En medio de ingenuas cholitas que marchan resignadas con sus polleras coloradas aparecen siempre unos cuantos gritones obligándolas a corear consignas que ellas apenas entienden. Es un espectáculo penoso.
¿De dónde viene toda la plata? Obviamente del crimen organizado, es decir, del narcotráfico del........
