Memoria y demoliciones
El texto La memoria no entiende de demoliciones, publicado en este periódico, en su sección cartas a la directora, basa su analogía arquitectónica equiparando la demolición o transformación de un edificio (un acto político, urbanístico e ideológico) con los mecanismos de la memoria psicológica individual.
Su autora asume que una sociedad funciona exactamente igual que una persona en terapia a la que su coach le aconseja “integrar sus traumas para que dejen de doler”. En el desarrollo de su argumentación, recoge la ocurrencia de Chesterton cuando este dice que “conviene averiguar por qué se puso la valla antes de quitarla”. En abstracto, puede que sea así, pero en el contexto de la memoria histórica, sirve únicamente para frenar cualquier avance en la aplicación de una justicia reparadora basada en la verdad.
Hay que recordar que “los monumentos monumentales como el Monumento a los Caídos” no son simples “vallas” puestas ahí por casualidad. Se olvida que el citado monumento se destinó para la exaltación política de unos golpistas. Es la premisa fundamental para afrontar cualquier debate sobre el citado monumento. Este no surgió de la nada, ni lo clavaron ahí los extraterrestres.
Y no se trata de una evocación o de un recuerdo neutro, aséptico, inodoro, incoloro e insípido, que........
