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Asinolatría compartida

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03.08.2026

Una corporación, fundamentalmente, se crea para la gestión y defensa de intereses dados. Va incluso más allá que los intereses partidistas que para un filósofo como Emile M. Cioran unificaba la condición de todos sus partícipes independientemente del signo ideológico. “Quienes se afilian a un partido –escribía el pensador apátrida, galo de adopción y rumano de origen – creen diferenciarse de quienes se adhieren a otro, cuando todos ellos, desde el momento en que escogen, coinciden en lo profundo, participan de una misma naturaleza y no se diferencian más que, aparentemente, en la máscara que asumen”. Los intereses corporativos de una ciudad reflejan aquellas cuestiones, consensuadas o no, dentro de una unidad en la aparente diferencia de sus integrantes, mediadas por la dinámica generada entre política supremacista versus subordinada de manera no muy diferente a como se hiciera en la Edad Media, donde la norma por la que se regía toda representación iconográfica del ritual era necesariamente ambivalente y convenientemente jerarquizada, incluida la de los atributos morales humanos adoptados en la representación animal.

En este sentido se constata como, de una parte, desde la antigüedad, por dar con un ejemplo que va hasta Spinoza y su asinus turpissimus, encuéntrense los adoradores del asno y, de la otra, sus detractores. Recuerda Charbonneau-Lassay cómo entre los romanos Jesús era caricaturizado en su función de enseñante como un asno togado. Y recuerda también cómo el humilde jumento entre los cristianos contaba con el derecho reservado tan sólo a las autoridades........

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